MELANCÓLICOS Y POST-POSMODERNOS (?!?): El lugar/accionar/ posibilidad/ ética/ reconstrucción del héroe en el arte (en la actualidad)

  1. ESTAMOS HARTOS DE TODOS USTEDES

Uno de los gestos iniciales más frecuentes entre los lectores novatos de literatura, en su mayoría jóvenes que han salido de colegio y solamente tienen como background de lo que es literatura el lado más sentimental de esta (Las rimas de Bécquer y alguno de los libros más efectistas de Neruda o Benedetti, en el mejor de los casos, en el peor algún bestseller de autoayuda disfrazado de literatura), es el de suma consternación frente a los protagonistas de varias de las novelas canónicas de la literatura del siglo XX.

Para una persona acostumbrada a ver el propósito del personaje de un Neruda accionando los mecanismos de una belleza antigua para acercarse a la amada (mejor aún, al amor) o al lenguaje operar con una cadencia de sumo respeto frente a la pérdida y despedida de las convicciones vertidas hacia esa persona amada; entrar de lleno en un terreno de personajes anti-todo como Holden Caufield de El Guardian entre el Centeno o Castiel en El Túnel de Sábato (o los centenares de personajes que probablemente sean uno solo en todos los poemas desencantados de Bukowski) es lógicamente fastidioso, frustrante y en ciertos casos indignante para estos nuevos lectores.

Personajes como Castiel, cuyo monólogo inicial en El Túnel es, desde cualquier punto de vista técnico, genial; pero también nihilista, cínico, humorísticamente negro sin contemplaciones, una enorme y pesada bola de demolición, una cerrada cuchilla a la que ninguna creencia (que para el caso sería más bien una cursilería) podría hacer dudar su decisivo-incisivo corte.

Luego de unos cuantos libros los lectores novatos dejarán de sorprenderse y absorberán en su concepción de lo literario a estos personajes, lo cual por cierto es genial puesto que la literatura nunca ha sido una sola; y preferentemente se maravillarán de lo hermosamente deconstructores de una realidad hipócrita, irreal, desfasada y conformista son los personajes que han encontrado en estos nuevos autores.

El punto es que los lectores “experimentados”, luego de un tiempo (luego de medio siglo de novelas y personajes encargados de deconstruir-desmontar las bastante plásticas, vale decirlo, estructuras morales de este u otro esquema de valores totalista ((socialismo-catolicismo-ilustración-positivismo-etc)), con tramas que luego de una bien pensada técnica te desembocan en ese terreno llano, donde todos los árboles enfermos han sido cortados pero sin haber tenido la amabilidad de sembrar al menos unas pocas flores amarillas en ese inmenso lodazal baldío)) se encuentran nuevamente con ese tope de indignación-frustración-fastidio por este tipo de obras de arte. Esta vez no por alguna pre-concepción de lo que es lo literario, sino por el mero hastío de una propuesta ética bucle que no deja nada luego de su espectáculo de demolición. Un hastío hacia todas esas directrices de desmantelamiento que redirigen a lo que fue llamado como lo “posmoderno”

La historia del personaje en la literatura, antes llamado héroe, puede ilustrar ese largo camino desde las vehemencias a nivel cursilería para nuestros irrespetuosos ojos, de la época del Amadís de Gaula, hasta la más cerrada, granulosa e incuestionable pose nihilista que suelen soltarnos los novelistas y poetas de moda cada tanto. Vale la pena entonces ver que ha pasado en todo este rato y ver que se puede hacer al respecto.

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  1. LA IMPORTANCIA DEL LAZARILLO

Para ilustrar la idea de todo este texto es necesario recapitular en unos breves párrafos la historia del héroe en la literatura

BREVE, MUY BREVE Y MUY DIMINUTA HISTORIA DEL HÉROE EN LA LITERATURA UNIVERSAL, LO SUFICIENTE PARA ILUSTRAR LOS PUNTOS EN ESTE TEXTO

  • ULISES/ PARSIFAL/ EL MÍO CID/AMADÍS DE GAULA (Héroe-Mito): Como nunca el rótulo de héroe cae como anillo. Los protagonistas de esa antigua época de la literatura eran el modelo moral del pueblo que las escribía. Personajes como Ulises establecían lo que debía ser una persona “correcta” en la sociedad griega. Este grupo de héroes además tenían capacidades míticas. Los ángeles bajaban hacia ellos para aconsejarles. Detenían espadas en el aire con un gesto de manos. Estos héroes evidencian el pasado mítico de la literatura, ellos son pequeñas divinidades que instruyen sobre lo bueno y lo malo. Y sus éxitos y derrotas son cuestiones de vida o muerte para todos. Ni una sola risa sobre nada. Un ambiente de profundo respeto para todas sus altas cuestiones
  • BREAK LINE: LAZARILLO DE TORMES

Probablemente brincar del Amadís de Gaula hasta Tormes sea un tanto arriesgado debido a que antes del Lazarillo este personaje haya conocido algunos cuantos eslabones en alguna que otra obra menor de la literatura medieval y uno que otro símil en lo variado de los dramas griegos. Sin embargo, el Lazarillo de Tormes cumple un momento decisivo para la historia del Héroe en la Literatura para lectores y críticos. Es el primer anti-héroe, se considera además a esta novela como fundacional para lo que se llamaría “ la novela picaresca” en la cual los protagonistas eran personajes desafortunadamente graciosos con un código moral bastante subjetivo dependiendo las situaciones a afrontar. Los tatarabuelos de nuestras películas de Woody Allen.

El Lazarillo de Tormes es uno de los chicos que en la España de la edad moderna se dedicaban a cuidar a sus amos ciegos y guiarlos hacia las actividades cotidianas, en un ambiente de crisis y escasez económica luego de la falaz prosperidad virreinal del siglo XVI. Los amos del lazarillo son en su mayoría gente egoísta y aprovechadora, increíblemente avara, lo cual generará numerosas situaciones comiquísimas. Luego de mucho, El Lazarillo conseguirá un amo aparentemente noble quien lo invitará a desposar a una de sus criadas. La novela concluye con el deseo de felicidad de El Lazarillo, a pesar de los numerosos rumores de que su esposa se acuesta con su antiguo amo. El Lazarillo concluye que es mejor amar sin escuchar los rumores, ya que el camino hacia la alegría que ha recorrido (él así lo considera) ha sido muy largo. Y uno (lector) nunca está de verdad seguro si este es un final pesimista e irónico o es una genuina/ ingenua declaración de honestidad y creencia en el amor.

El Lazarillo si bien tiene un código moral regulable a medida de la situación, aún se encuentra bastante lejos del “todo vale” de siglos luego. El medio justifica las cosas, pero solo hasta cierto punto.

  • BOVARY/ KARENINA/ RASKOLNIKOV (Héroe Burgués):

Las grandes heroínas del realismo y el héroe más conocido de Dostoyevski llevan consigo no un papel moralizador, sino una propuesta ética escrita brillantemente (¿No sería válido decir que en esta tríada se encuentra tal vez la época más genial de la escritura que alguna vez hubo desde que los cavernícolas decidieron poner inscripciones al lado de sus dibujos de mamuts en las cuevas de Altamira, tatarabuelos de los curadores de arte actuales, pero un poco más concisos?)

El héroe es humano. El héroe burgués. Las pequeñas cuestiones del hombre de a diario que corresponden en sus resonancias a cuestiones éticas sumamente universales. Varios de estos personajes nos podrían parecer hoy día excesivamente cursis  o ingenuos. Por supuesto. El posmodernismo no ha pasado por ellos. Es válido levantarse y dar la vida por una convicción profundamente enraizada.

Uno de los factores decisivos que convierte a estos personajes en arquetipos universales en los cuales podemos mirar aun hoy en día con excesiva realidad, es que estos personajes están habilitados de mostrar su miseria. Sin ningún cordón umbilical atado a un Dios incuestionable, sus propuestas éticas no se valen en un debiera ser, sino en un relatar sus transformaciones hacia su norte final, a través de todos los difíciles escalones que esto significó.

  • BREAK LINE: LEOPOLD BLOOM

El Ulises, esa novela en la cual aparentemente no sucede nada y se escenifica en tan solo un día en específico, es la entrada total de lo coloquial, en lenguaje y escenarios, a la literatura universal. Y es por cierto una entrada por la puerta grande. El Ulises, desde su aparente banalidad, toca temas tan trascendentales y eternos como la relación del hombre ante la muerte o el azar, hasta temas increíblemente académicos o políticos como la utilización de ciertos vocablos en el irlandés de la época o el separatismo, también irlandés, de esos años. La alta y baja cultura son términos que vuelan por los aires.

Leopold Bloom finaliza la bajada a tierra de los héroes-dioses que había empezado con la travesura de El Lazarillo. Sienta las bases técnicas y éticas de deconstrucción, que regirán la mayor parte de la literatura en lo que falta del siglo XX. Después de todo el “la próxima gran novela se producirá entre tu sala y tu cocina” de Joyce no está muy lejano de los quince minutos de Warhol.

  • BUKOWSKI/ CASTIEL/ LOS CHICOS DE BREAT EASTON ELLIS (No-Héroe):

Los últimos cincuenta años del siglo XX se verán invadidos por libros con personajes que con la lección del Ulises y la vanguardia (especialmente el No-No fusionado de Niezstche & Rimbaud)  aprendida, se encargarán de derribar los aun poderosos grandes relatos y esquemas de morales totalistas de la época.

Cargados inicialmente por un deseo de libertad e independencia sin límites (que en algo nos recuerda al sueño del pursuit of happiness de la constitución norteamericana) los personajes posmodernos de, por ejemplo, Bukowski, nos muestran sin escrúpulos lo sórdido de su existencia, la cada vez más borrosa subjetividad ética, y el valor que para ellos es la levedad. El deseo de vivir sin estar atado a nada ni a  nadie, como si lo estuvieron las generaciones que los precedieron. Por cierto, más que nunca los escritores son huérfanos. Pocas personas habitan sus recintos personales, si es que tienen alguno. Para deshacerse de algún contrario a esa libertad casi solipsista los posmodernistas se valdrán del arsenal ironía-cinismo para demostrar que la realidad que nos rodea no está regida por razones divinas o naturales, sino por meros constructos sociales. Sin Dios y sin imperativo categórico. Es el reino de la percepción personal y el Yo.

Un ejemplo de este gesto de ironía llevado al extremo podría ser la de los personajes de las novelas de Breat Easton Ellis mintiéndole al lector sobre los hechos de la trama. No sobre sus convicciones, no sobre sus intenciones, sino sobre los hechos que dan forma y son hitos de la historia que acabas de adquirir impresa en un libro. Esto sucede en su famosa novela, Amerycan Psyco.

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3-ENTONCES QUE VAMOS, QUE DEMONIOS VAMOS A HACER_ Melancólicos

Sin embargo, la historia no ha transcurrido de la misma idéntica forma en todos los países de Occidente. Este hecho nos puede aclarar algunos puntos referentes a la posmodernidad y a sus posibles reacciones.

A diferencia de Estados Unidos, el Perú y la mayoría de Sudamérica vivió una muy agitada y políticamente violenta década de los ochentas. El lado más oscuro del gran relato socialista se vio traducido en una guerra interna entre el bando terrorista-revolucionario de Sendero Luminoso vs. Prácticamente todo lo que se le opusiera.

Porque para la lógica del gran relato en su radicalidad, todo lo que se oponga es un enemigo al que se le debe volar la cabeza. Las revoluciones se hacen por códigos morales estrictamente definidos que a consecuencia de esto tiñen de blanco o negro a las personas. Las otrifican. Esquivan la duda y la reflexividad. Son dogmáticas y cuasi-religiosas. Para su cumplimiento dejan horribles conjuntos de cadáveres. Perú fue en los ochentas La Muerte del Sueño Europeo como titularon en su famosa exposición el colectivo artístico Chaclacayo.

Pues bien, el conflicto interno generó algunos escenarios curiosos, aparte de postergar la llegada de la posmodernidad y la ideología neoliberal  Thatcher-Reagan al Perú un par de décadas. Uno de ellos es que varios de los sectores intelectuales más conservadores del Perú, a oídos sordos de lo que sucedió en el Perú de los noventas en adelante, suelen actuar como si el posmodernismo nunca hubiese existido, y solamente lo mencionarán para definir a un enemigo/ cosa a evitar a toda costa, con el tono que una abuela de bobos asustaría a su nieto en cuna.

Estos intelectuales son los autores de una reacción melancólica frente a lo posmoderno. Desde su visión precaria, realizan una reconstrucción del héroe pre-posmoderno y casi siempre tienen un norte ético bastante definido. El problema es que saltar por alto el último siglo de tradición artística es un pecado increíble para un artista que quiera tener un mínimo de técnica y calidad. Esto significa, varios e intragables libros-panfleto, cursilísimos monumentos a una fe que ya han sido arrasadas por el tiempo, loas al socialismo tan desubicadas como lo fue alguna vez La Oda a Stalin de Neruda.

Su olvido de la fragmentación del gran relato a fines del Siglo XX no es más que un oídossordos para sobrevivir en una fe ya destrozada.  Combinando esto con alguna versión del mito de la Edad de Oro. Y es peligroso que un sector intelectual que conscientemente desea tomar una postura en contra del posmodernismo lo haga desde un lugar tan torpe y cercano al dogmatismo de los antiguos grandes relatos. La innegable lección de las derrotas de ellos no puede ser pasada por alto para hablar de socialismo o democracia a estas alturas. Es lo contrario a tener consciencia histórica. No hay un socialismo igual al de antes de Hungría o Praga, igual que no se puede hablar de una democracia neoliberal luego de Suecia o los hikkikomori japoneses.

La resistencia de los melancólicos es una extraña conserva (en latas) de la pureza del antiguo gran relato. Un calco exacto a los héroes que pueblan las paredes de estos autores. ¿Puede haber un desconocimiento más grande de alguien para su época que un autor que la niega y expulsa aquello con lo que no está de acuerdo hacia una esquina muy muy lejana de lo que consideran “digno de ser trabajado”?

 

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4- ENTONCES QUE DEMONIOS, QUE DEMONIOS VAMOS A HACER_ Post-posmodernos (???)

¿Cómo podemos crear obras contestatarias al discurso posmoderno sin poner un rostro de ansiedad + sequedad en la boca y desesperación-paranoide producto de la abstinencia al gran relato?

Para finales de los años 90s los novelistas norteamericanos David Foster Wallace y Jonathan Franzen ya ensayaban respuestas en sus libros al “problema de la posmodernidad” adoptando posiciones contrarias a la ironía, para ellos la principal trampa y motivo que enjauló de nihilismo a los autores contemporáneos; en dos grandes, voluminosas y maximalistas novelas: La Broma Infinita y Las Correcciones.

En ambas novelas, los dos autores desde escenarios distintos arman una elegante tensión entre el individualismo neoliberal extremo de la triunfante norteamerica de los años 90s frente al antiguo recuerdo de las naciones como colectividades y los individuos subyugados a razones mayores que sus cabezas.

Una de las máximas de Foster Wallace en varios de sus ensayos es que, si bien su propuesta se posiciona contraria a la del ensimismamiento de la técnica, se necesitarán artistas lo suficientemente hábiles técnicamente para saber juntar tanto estilo como ética y convertirse en los auténticos rebeldes frente a lo posmoderno. Para lograr esto no se pueden eludir los numerosos hallazgos de los artistas artríticamente nihilistas de la tradición más reciente.

Voy a hacer un breve paréntesis acerca de libros y hablar de un par de películas que me parecen epítomes de aquella reacción a lo posmoderno desde la técnica posmoderna.

Dos películas de Woody Allen. La primera, Love and Death (La última noche de Boris Gruschenko) Una parodia evidente de las novelas del realismo ruso, específicamente de Tolstoi. Love and Death es un largo flashback sobre las situaciones que llevaron a Boris Gruschenko, el héroe-protagonista, a ser condenado a muerte por un crimen que no cometió.

Además de ser una interesante eslabón de las técnicas que perfeccionará años después para escribir Annie Hall (una película canónicamente posmoderna), Love and Death es una sátira que estruja el modelo de la novela realista, fragmentando y desordenando la forma técnica, sin torcer el fondo de la película, que es bastante similar a la del material que parodia.

Cobra vital importancia para afirmar esto la co-heroína Sonja, pareja de Boris, quien desde su pseudo-intelectualidad lleva la vehemencia y la fe de los grandes relatos, y es quien guía a Boris contra sus convicciones éticas, empujándolo a realizar actos heroicos en beneficio de un grupo de personas (el destino de Europa) mucho más grande que ellos dos como individuos.

Sonja: Boris, mira esta hoja. ¿No es perfecta? Oh, sí.
Este es definitivamente el mejor
de los mundos posibles  
Boris: Al menos es el más caro
Sonja: ¿No es la naturaleza increíble?
Boris: Bueno, para mí la naturaleza es... nose... arañas y bichos
       peces grandes comiendo peces pequeños. Y plantas comiendo otras plantas
       y animales comiendo... Es como un enorme restaurante.
Sonja: Sí, pero si Dios lo creó, debe ser hermoso. A pesar que su plan
       no pueda ser entendido por nosotros
Boris: Sonja ¿Qué tal si no hay dios?
Sonja: Boris Dimitrovich, ¿Estás bromeando?  
Boris: Que tal si solo somos un puñado de gente absurda quienes van caminando
       sin razón alguna.
Sonja: Pero si no hay Dios, la vida no tiene sentido. ¿Para qué seguir viviendo? 
       ¿Por qué no suicidarnos?
Boris: Bueno, no nos pongámonos histéricos. Podría estar equivocado. Odiaría
       volarme los sesos y luego enterarme que encontraron allá arriba algo.
Sonja: Boris, déjame mostrarte cuan absurda es tu posición. Digamos que no hay Dios
       y cada hombre es libre de hacer exactamente lo que desea. ¿Qué te detiene
       de asesinar a alguien?
Boris: El asesinato es inmoral.
Sonja: La inmoralidad es subjetiva.
Boris: Sí, pero la subjetividad es objetiva.
Sonja: No en un esquema racional de percepción.
Boris: La percepción es irracional, implica inminencia.
Sonja: No en un sistema o fenómeno que exista en cualquier esquema racional,
       metafísico o epistemológico que implique el concepto empírico de ser,
       u ocurrir en la cosa o como la cosa en sí misma.
Boris: Sí, he dicho eso muchas veces.
Sonja: Boris, debemos creer en Dios.

 

Tal vez sea la admiración por películas sentimentales como Cumbres Borrascosas lo que llevó a Woody Allen a una cómica película romántica como Manhattan, con todas las implicancias sentimentales que nacen de esa influencia. Totalmente inscrita en un realismo-cotidiano Joyceano, la cinta toma un giro excepcionalmente dramático y de resonancias universales cuando Mary, la pareja de Isaac, el protagonista; decide retomar su relación con su antiguo amante, el mejor amigo de Isaac, Yale. Luego de que Isaac reciba la noticia va a afrontar a Yale. En esa escena se da un genial versus/ dicotomía entre dos posiciones. Mientras el mejor amigo de Isaac alega por la imperfecta naturaleza del hombre como excusa para evadir una situación implícitamente ética, Isaac aboga por un código ético menos subjetivo, con convicciones que reunan orgánicamente a la persona en una integridad.

 

IKE: Así que te gustaba. Luego no te gustaba. Luego te gustaba de nuevo. Sabes aún es temprano. Puedes cambiar de parecer una vez más antes de la cena!

YALE: No te pongas sarcástico. ¡¿Crees que me gusta esta situación?¡

IKE: ¿Cuánto tiempo ibas a verla sin decírmelo?

YALE: No conviertas esto en una de tus grandes discusiones morales.

IKE: Podrías habérmelo dicho. Lo único que tenías que hacer era llamarme y hablarme. Tú sabes, soy muy comprensivo. Te hubiera dicho “No”, pero te habrías sentido honesto.

YALE: Quería decírtelo. Sabía que te molestarías. Solo tuvimos unos cuantos encuentros inocentes.

IKE: ¿Unos cuantos?. ¡Ella dijo uno! Ustedes deberían ponerse de acuerdo. ¿Acaso no ensayan?

YALE: Salimos dos veces a tomar un café.

IKE: Hey, vamos. Ella no toma café. ¿Se reunieron a tomar café descafeinado? Eso no es muy romántico. Tiende a lo geriátrico.

YALE: Bueno, no soy un santo, ok?

IKE: Pero eres demasiado leve contigo mismo, ¿No te das cuenta? Ese es tu problema. Ese es tu principal problema. Racionalizas todo. No eres honesto contigo mismo. Dices que quieres escribir un libro pero al final te compras un Porsche. Engañas un poco a Emily, me engañas otro poco a mí, y luego estás frente a un comité del senado diciendo nombres y delatando a tus amigos!

YALE: ¡Eres un santurrón!. Es decir, solo somos personas, somos seres humanos. ¡Tú crees que eres Dios!.

IKE: ¡Tengo que modelar mi persona en base a alguien!

YALE: Pues no se puede vivir en la manera en que vives. Todo es tan perfecto.

IKE: Jesús, ¿que van a decir las futuras generaciones sobre nosotros? Dios mío. Sabes, alguna vez vamos a estar como él (señala a un esqueleto en el salón de clases) Tú sabes. Él era probablemente parte de la gente bien. Probablemente bailaba y jugaba tenis y todo. Y ahora, ves, ¡eso es lo que nos sucede a nosotros! Es importante tener alguna forma de integridad personal. Tú sabes, algún día estaré colgado en un salón de clases, y quiero estar seguro que cuando eso suceda, las personas puedan tener un buen concepto de mí…

Ambas películas, ejemplifican la máxima de Wallace décadas antes que las escribiera. Torcer la forma pero no el fondo. Potenciar sin sesgo con todas las técnicas necesarias y hallables para el contenido que el autor quiere imprimir en su obra. Este post-posmodernismo, (que es por cierto un nombre horrible pero de hecho ya se pueden encontrar varios ensayos al respecto de Wallace y Franzen con este término, yo preferiría el de reconstructores, en referencia a la reconstrucción del héroe, un diminutivo posible: los recos) tendrá la inminente tarea de reconstruir al quebrado-en-mil-pedazos héroe de la literatura. Y deberá hacerlo atreviéndose a dotar de convicciones y grandes esperanzas a sus personajes, especialmente a sus protagonistas. Sin olvidar claro, que no hay nada más horrible en la literatura que una larga novela que no es más que un cover de un cuento para niños, en los cuales los buenos son buenos y los malos son malos y al final pierden. La reflexividad, ausente en aquellos que asumen su propia posición ética un escalón encima del resto, es necesaria para pisar suelo.

love and death

 

  • ESTÁ PASANDO!!!

Y por cierto, no hablo desde un deseo o posibilidad sino desde el hecho que varios artistas tanto en literatura como en las demás artes vienen reconstruyendo la integridad moral del héroe en los últimos años.

To Pimp a Butterfly de Kendrick Lamar, un disco introspectivo y al mismo tiempo altamente político que inspecciona el devenir del héroe-protagonista desde su inicial cinismo hacia un amor redentor que nos recuerda a los finales de Dostoyevski. La epopeya indie con fondo y resonancias cristianas en la inminente llegada de la responsabilidad de Carseat Headrest en Teens of Denial y Teens of Style. Las novelas de Jonathan Franzen. El ya no tan reciente, El Camino de Corman McCarty. Las novelas de Katzuo Ishiguro, especialmente la conmovedora distopía Nunca me abandones. Las series The Office. Modern Family. Rick and Morty.

Luego de siglos, desde el descenso iniciado por el Lazarillo desde la altura del Olimpo del héroe mítico hacia el fondo de una ladera de residuos tóxicos, el héroe actual luce bastante deforme, con ojos y brazos de más. Y es más, su cuerpo es un cúmulo de varias cabezas, carne regada en el piso. Huesos descartados. Totalmente fragmentado.

Y finalmente empieza a darse el giro copernicano luego de ese largo descenso. Es el momento indicado para recaminar hacia atrás los propios pasos para poder escribir un libro que realmente se oponga a los no-héroes contemporáneos. La reconstrucción del héroe en el arte del siglo XXI es probablemente el giro más revolucionario del que hayamos tenido noticia en bastante tiempo.