Entrevista a Gianna Muzio, performer y cantautora de Lelo Gigé

Foto: Alonso La Hoz

(* Al final de la entrevista se adjunta un poema)

Lelo Gigé es el nombre de la banda. Flacos, altos, sin camisa y algunos hermosos pelos locos rotan de la batería – al bajo – a la guitarra. Es difícil describir su estilo: caótica, libre, caprichosa, son algunos de los adjetivos que usó Leo, ‘el angosto de amargura’ y guitarrista de los lelos, para darle un espacio en torno a la escena local. En el centro una voz femenina y oscura resuena por toda la caverna del Victoria. Baila lenta y frenética. Con el humo. Lleva un antifaz de demonio. No canta, sino conjura. En una noche insensata, me encuentro con la mujer demonio. Ella asiente y sonríe. Ríe mucho. Día y sobriedad:

Así que tu experiencia artística es multifacética

Creo que me podría definir como artista escénica, todo lo que hago es frente a un público y me gusta jugar con esa sensación vívida de estar ahí, encontrándome. Sea la danza, sea el teatro, sea cantando.

Pero lo principal es la música

No sabría decirlo. Ahorita porque tengo la banda y porque trabajo cantando y tengo varias chambas interdisciplinarias relacionadas con eso. Pero amo el teatro. Me encanta. Ahora estoy trabajando con poemas musicalizados de Rubén Darío.

Lelo Gigé, Foto de Robert Sprinckmöller.
Lelo Gigé, Foto de Robert Sprinckmöller.

¿Qué vino primero? ¿La música o la poesía?

Es complicado de responder, creo que siempre lo hice a la par, desde niña. Lo que sí me tardó tiempo fue utilizar mis poemas para musicalizarlos. No podía diferenciar ese momento en el que estaba yo sentada catarseando todo lo que sentía en un papel y… cuando pensaba en musicalizarlo era como… No puedo. Ese lado mío en el que vomito todo, hasta lo más oscuro…

Sí, eres un poco darks cuando escribes…

Sí y no siempre quiero cantar sobre eso. Entonces, es algo que me tomó tiempo. Ahora por ejemplo, me presento en Dada con una amiga y hacemos una perfo que tiene una temática de musas que vienen de Urano y viajan a la Tierra para poder enseñar y reprocharle al ser humano sobre el sentir.

Crees que comenzaste a forzar el sentido del poema para que encaje con…

Tenía que hacerlo. Era la única manera. Y como hago poesía libre, cuando tenía que cortar un verso me conflictuaba ¡No! ¡Porque el sentido es que no se detenga la palabra! ¡No quiero detener la palabra porque la conexión de una cosa con la otra se da así como está escrita!

Pero cuando tuve que musicalizarlo tuve que romper con eso, porque con la música se alargan las vocales. Te quedas tal vez en una sola palabra antes de empezar con otra. Se me complicaba bastante. Luego entendí que era inevitable. Tenía que conocerme también como músico-poeta, porque ¿por qué no? ¿Por qué tenerle tanto miedo a enfrentarme a mis poemas en voz? Creo que era porque no quería exteriorizar tanto eso que yo… bueno, que a la hora de escribir sale y que a veces no nos deja con la mejor sensación.

Y bueno, cuando comenzamos a tocar con los Lelos, yo había conocido un par de meses antes a un profesor de literatura de la universidad con quien conversaba mucho sobre poesía –él también es poeta, Paul Forsyth- y él logró explicarme un poco cómo había entendido la poesía con los cantos ayahuasqueros. El único momento en que había danzado había sido en ceremonia. Yo escuchaba todo lo que él me decía y siempre concluía que hay que hacerlo todo, mostrar todo, todo lo que no esté fuera de tu alcance y esté dotado de pasión. Entonces junté la música, con el teatro y la poesía y… es ahí que le propongo a los Lelos hacer esta perfo recitando-cantando mis poemas en esa canción en la que me pongo la máscara. Que está un poco inspirada en la Divina Comedia y yo soy un poco Beatriz atrapada por la idealización de Virgilio. Y Beatriz es una mujer demonio que está tratando de liberarse.

Esta oscuridad y este querer romper con algo está también en tus poemas. Intuí que llegaste a un punto en el que el mundo se había acabado –por alguna razón- y todo era… negro a partir de ahí… y el resto de la gente no se daba cuenta. Y te quedaba tu cuerpo y los demás cuerpos,  y despertarte en un mundo en el que el resto no está despierto, pero…

Pero tú sí, claro.

Y de alguna forma implica sentir algo de ¿compasión?, que para mí no deja de ser o tener un filin de condescendencia…

Claro

¿Cuándo se acabó el mundo?

Se acaba el mundo en ese momento en el que me encuentro mucho conmigo, creo. Cuando… Creo que puedo mutar en muchos personajes. Siempre. Pero está este lado que lleva al silencio, a la meditación interna sobre cómo uno se siente; qué está haciendo, por qué hace uno estas cosas… y es cuando se empieza a entrar a una dimensión más profunda. Que solo viene por reflexión. Sentarse uno a cuestionarse el porqué de su acción. Y creo que muchas veces se me ha derrumbado el mundo cuando me he dado cuenta de ciertas actitudes que puedo haber tenido, o ciertas sensaciones que me pudieron haber hecho sentir a mí… creo que por un momento me han tenido que destrozar para poder renacer y tener una fuerza nueva. Ya no mirar al miedo y tratar de huir, sino mirarlo a los ojos y decirle ‘seamos un equipo’, renazcamos. Entonces sí creo que el mundo se me ha tenido que acabar, incluso por el lado poético-dramático (y un poco victimista). Para darme cuenta que soy tan fuerte como lo que me quiere tratar de hundir.

¿Por qué tanta oscuridad?

Creo que siempre he sido muy intensa. Desde niña, no sé si la oscuridad… desde niña me encantaba el terror. Vivía en la casa de mi abuela y una tía siempre pasaba y nos juntaba a todas las primas a ver Chuky y todas las películas monses de terror. Pero desde entonces me gustó esa adrenalina de sentir dolor y miedo… Yo soy súper feliz, ah. Soy una persona que se puede explayar muy bien con la sonrisa, me encanta reírme, me gusta sentirme bien… pero creo que desde niña siempre me gustó ser como… espectral. Escuchar cuentos de terror y cómo estos personajes eran feos y sentir miedo pero también después reírte de ellos y de su absurdidad.

Y bueno, cuando fui creciendo, vi películas gore. Ya no frecuento mucho esa zona, pero creo que me sirvió para darme cuenta que no todo era hermoso como te lo suelen vender el común de las películas para niños, o los propios padres.

Y creo que siempre quise indagar un poco en lo misterioso, lo oculto.

Es un interés que nunca se va. Y está presente hasta en leer el tarot o… tengo una amiga que es súper espiritista y cree en los viajes a los que te lleva el ayahuasca y… ella siempre me lee unas cartas, creo que son brasileras, y te dicen un poco tu hoy por hoy. Creo que mucho más allá de tener una religión, o sentir que ese morbo, esa necesidad de creer en algo haya crecido, creo que la he apaciguado al creer en que lo que está mucho más allá de nosotros -como el universo, como las estrellas y nuestra madre luna- es lo que rige nuestro vivir. Creo en eso. Creo en la magia también. Me parece que termina siendo eternamente misteriosa y me mueve a inspirarme, a creer en algo más allá, de una forma que no se concreta negativamente, o que se va a un más allá que te castiga.

Creo que está en uno mismo. Cuando me despierto y estiro en la mañana, hago yoga o saludo al sol, siento que mi cuerpo libera energías que son parte del universo y que están dentro de nosotros y eso es como ser parte de las estrellas. Creo que todos somos un mismo universo corporal-físico-anatómico que explota en energías que… podemos leerlo en un libro, pero cuando lo sentimos termina siendo tan complicado. Yo nunca he hecho ayahuasca, pero la geometría sagrada la veo en absolutamente todas las plantas y flores que existen. La puedes encontrar, es hermoso cómo está todo dispuesto geométricamente. Y tiene un espíritu que te devuelve el amor que tú le das. Termina convirtiéndose en tu propia visión.

Es bastante complicado de explicar. Pero, es sagrada porque la veo sagrada. Quien vea una flor y no vea más que una flor, solo verá una flor.

Creo que ahí está la magia de cada uno, en el cómo crea su mente y la alimenta.

Gianna Muzio, Foto de Robert Sprinckmöller.
Gianna Muzio, Foto de Robert Sprinckmöller.

¿Cómo es tu relación con el cuerpo? [Estoy pensando en esa imagen de despertar con un cuerpo quizás-no-tan-extraño y alcohol y la vida que está siendo, y esta imposibilidad de conocer al otro, y la relación superficial y esta sensación furiosa de ‘hay un mundo inmenso que llevo dentro del que no tienes idea’]

El cuerpo del otro se mezcla enérgicamente con el otro individuo y se empiezan a volver espejos. Los fluidos viajan y se crea esta mixtura que cuando te das cuenta –en algunos casos- te das cuenta de que no la quieres porque puedes absorber mucho de la pena de la otra persona. Eso me pasaba con este chico, era muy fatalista. Era una sombra y yo era mucha luz y él me la absorbía al decirme ‘por qué bailas así’ ‘por qué te mueves así cuando escuchas música’ ‘por qué te pones a cantar en la calle’ ‘¡no te das cuenta que a la gente le puede molestar!’

Y cuando estaba por cerrar ese episodio de mi vida y comencé a ver todo en retrospectiva, cómo había surgido desde un plano exterior, me dieron ganas de contarlo frente a un público. Con esta persona me morí por dentro, yo también oscurecí y me hundí nuevamente en sensaciones que ya había experimentado y que no quería. Y que vinieron con alcohol y despertarme y decir ‘qué estoy haciendo’ ¿Por qué estoy haciéndome daño así? Y ese poema es netamente eso.

Mi relación con el cuerpo es: te toco la mano y la transmisión de energía es instantánea, siempre. Por eso admitimos ciertas energías y rechazamos otras.

Y cuando estudié danza contemporánea, mi profesora se esmeraba en hacernos viajar a lo primitivo, a la sensación del fuego, el aire, la tierra, el agua. Y era increíble porque cuando teníamos que bailar ella nos hacía sentir como aves, como las olas del mar, nos volvíamos una semilla -en posición fetal-, cuando uno comenzaba a danzar con sus compañeras había esta necesidad de tocarnos y nos volvíamos todas la misma corriente de aire, éramos el mismo oleaje. Y ahí está el cuerpo siempre se comunica sensorialmente y solo por dejarnos sentir. Hay tantas cosas que no nos dejan sentir.

¿Por qué contar frente a un público?

Cuando lo concluyo así frente a un público es porque siento la necesidad de que todo lo que puedo haber aprendido llegue a ciertas personas y que lo puedan interpretar con su propia experiencia. Sentir que todos pasamos por eso en algún momento. La simpleza está en que en relaciones interpersonales vas a encontrarte con todo tipo de energías y situaciones.

También tiene que ver con este lado mío de ‘hacer revolución’: sí quiero que me miren ser un demonio, sí quiero que les pase de vueltas. Sí creo que, en el mundo de hoy, si no sacas la voz, si no dices lo que piensas y sientes todo el rato, te absorbe esa… monotonía y rutina de seguir patrones. Mientras más saquemos la voz y menos nos importe qué dicen de nosotros… ahí es cuando uno realmente vuelve a ser libre y deja de sentir cosas innecesarias.

A veces creo que es más simple de lo que hacemos nosotros mismos. Sí creo que la respuesta está en uno mismo, pero tendemos a mentirnos mucho. Por eso creo que es bravazo cuando uno se sienta a reflexionar sobre cómo se relaciona con las personas, con la familia, con los amigos. Con los no-amigos… en el bar, en la Noche de Barranco.

Ahorita estoy pasando por un momento de luto, realmente no quiero interactuar con los bares y la destrucción porque sé que solo me va a llevar a llorar y traer daño y es innecesario.

Sí creo que todos tenemos ciertas actitudes, confianzas, con las personas que nos rodean.

Y a veces con la familia, me imagino que a todos les pasa, no queremos tratarlos como los tratamos, pero hemos crecido con ellos, entonces la confianza es tan intensa que a veces les gritamos o les hacemos daño y es como intencionado, pero ¡No, no es intencionado! Es como

costumbre

Te acostumbraste a que sea así de libre, pero ¡Ah no!, a tu amiga no le haces eso.

A veces dan ganas de decirles ‘trátame como si fuera un extraño, por favor’. Estás estudiando música, ¿no?

Antes en la UPC, hice 3 años. Al segundo tuve esta revelación que me dijo ‘vete del país un rato’, sal de esta ciudad y estas mentalidades que, de alguna forma no te están dejando… porque no me sentía bien. Estaba en clase y sentía que no quería estar ahí. Todo comenzó a parecerme demasiado banal. Gracias a que tenía buenas notas conseguí un intercambio de 3 meses en España, mi hermana vivía allá.

¡Estoy metida en la universidad, y no puedo bailar y lo que hago de teatro lo hago cuando me llaman para cortos… necesito saber más, quiero saber más sobre esta ciencia infinita del cuerpo y actuar…. Y quiero seguir bailando, he dejado de bailar. Y sufría.

En España conseguí un curso de construcción de personaje para teatro, piano y danzas recreativas. Me enamoré completamente de la dinámica, de que mi salón fuera el escenario del auditorio, de que mi clase de música estuviese repleta de pianos y de que analizáramos auditivamente canciones caletasas. Mi profe era músico para videojuegos y películas, entonces tenía una visión bien loca sobre cómo contar una historia en una canción. Me encantaba. Y danzas recreativas…. Mis exámenes eran organizar fiestas –para centros de rehab o de ex convictas, o para la universidad o chicos con síndrome down- y he visto una señora de 50 años tirarse al piso con un antifaz, dando vueltas, en un ejercicio que era simplemente dejarte llevar por la música. Y la mujer vibrando de amor en el piso. Y yo alucinada y ‘por qué no podemos hacer talleres así’. Volví y dejé la universidad, le tuve que decir a mi padre que lamentaba mucho no poder cumplir con sus expectativas y sueños de que tuviese un título profesional, pero lo que me hacía feliz no estaba ahí. Y encontré este espacio maravilloso en el que estoy ahora, en donde me siento mucho más en sintonía y encuentro armonía con lo que hago y las personas que están ahí creando e investigando conmigo.

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Lelo Gigé. Foto de Robert Sprinckmöller.

 

JEICHIEKJAIOJEG 

Tengo aquí, depositada en mis manos de barro,

que se deshacen en la perennidad de la brisa,

La última e inminente, más no ilusa confesión

Que,

Movilizándome fantasmal entre las sábanas

Metí mi dedo en el bolsillo

Me acosté , con un cuchillo entre los labios,

Y contemplé el reflejo inmovilizado

la energía espectral del aire ahora es como una nave espacial

zigzag

big bang

percibo, descascarándose  hacia el origen de los cuerpos

la línea callada

el palpitar de mis nervios

el agujero de mi pecho

los socorros de mi hígado casi muerto

y el silbido de mi pulmón hueco y, logro comprender

que como paredes húmedas de una finca abandonada

temblarán las tarántulas y las desnutridas vacas

cuando la tierra marchite

y no haya espacio para sus esperanzadas palabras

que caigan sus telas

que se rompan las máscaras

se delinea el rostro de una mujer desnuda

Encasillada entre edificios y gruñidos

empieza a palpar delicadamente el cráneo

se desliza, suave cual pluma, dedo por dedo

Palpita la cabellera salvaje que cubre sus cejas

Baja por la cascada de piel que desemboca en un valle de nube

Dedo por dedo, se desliza , ante las líneas que la componen

Mojada por dentro y cuarteada al externo

Aterriza en el terreno baldío de algún extraño

Encuentra una manzana

No la puede ver, habita dentro.

La danza del dedo ha caído en un espacio nuevo

Tieso, cadavérico, ondeado

Nuevas orbes tridimensionales

Los cayos anulares despiertan lo sensible

Y se perciben los cerros

Llenos de piel de arena caribeña

Blanca

Sensible

se aproximan sus cinco componentes a danzar en su espacio

en este valle se duermen los callados

el ritmo no es corchea, no es marea

es fusa periódica cuando el corazón se le acelera

canino, felino, tigre, madre, fiera

conoce al fin su centro, su madriguera

se ve de fuego, los dedos prófugos han danzado hasta la cueva

han sido mito de la caverna

un jardín de las delicias

una danza de contrarios

ahora somos todos parte de un escenario

donde explota al fin su último sentido abstracto de geometría

aquí no existe el cartel de la salida

me veo

se ve

la siento

me muerde

se huele

mi espectro

su cuerpo

la mano

la suya

su grito

el fuego

JE

ICH

I

EK

JA

IO

JEG

Se dilataron sus cuatro miradas

lejos de la noche que nos clava mentiras

amanezco de nuevo entre los párpados secos del recuerdo

dónde estaba yo renaciendo de la eterna madrugada

laica

aquí no habitó nunca la sombra de la fe

he desatado una vez más mi otro lado

un rostro que jamás olvidarás

soy un animal con las garras incrustadas

y una bestia lunar en la mirada ensuciada por prejuicio

Puedo colocarme hoy mi nuevo pelaje

La llena luna plena

Yerma

Materna, incendiada de dolor

hA olvidado el concepto del pudor

ni el vendaje

ni la biblia en las manos de un primate

podrán jugar a comprender

si no se ha despellejado

el frio concepto de serlo todo y no ser nada a la vez