El Verano Murió: 6 Nuevos Poetas Peruanos Inéditos

Hola chicos, hoy en nuestra sección de Sub25 Push, presentamos poemas de 6 poetas inéditos que hemos conocido en este verano que ya acabó u.u. Disfrútenlos y ojala les gusten 🙂

 

Camila Varela (Lima. 1991)

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Con todos ellos iba a tener una Sofía. Con todos quise un labrador negro, o bueno marrón, o bueno al final me daba igual si era o no era un labrador y si era o no era negro. A todos les dije sobre Mamama Marce y la gelatina de fresa con leche condensada. Estoy segura de que les hablé sobre mi sueño de ser entrenadora de delfines y también sé que cuando vimos la princesita siempre lloré en las mismas partes. Sé que hablé de cosas de las que no hablo.  Dije palabras de esas que te las cobran. Conté de lo de mi papá. Casi todas las noches tuve frío y varias veces miedo.

Con Noé aprendí a dar besos mariposa, me enseñó a escribirle la carta a Papa Noel. Nos acostumbramos a cortarnos las uñas en V y a comprar cepillos de dientes en packs. Intenté dejar de cantar canciones que no me sé y de empujar cuando bailo.

Con Luis aprendí de la fragilidad. Pensé que mi niñez ya me lo habría enseñado. Descubrimos que mi cuerpo puede hacer cosas lindas y vimos muchos videos de hip hop . Con él intenté llegar temprano y sobretodo irme a tiempo. Todas las veces fallé.

Con Mauricio aprendí que a querer también se aprende y que a veces no provoca pelear. Con él supe lo que en verdad significaban las siestas y los cigarrillos de liar. Amplió mi diccionario de insultos y juro que siempre intenté no llorar.

Me gustaría terminar con un par de poemas para Sofía. Porque ella siempre está. Por más de que me cambien el tablero, los jugadores o la mesa. Por más de que a mi me revuelquen todas las olas.

 

Sofía 1

Hay cosas que me cuesta comprender

como por ejemplo las críticas de mi madre,

la letra del médico

o a los que teniendo asientos numerados hacen colas.

 

Nunca sabré lo que se siente tenerle miedo al mar

y supongo que la idea del fondo es diferente para todos.

 

Hubo noches en las que se me terminó el tabaco

y encontré una cajetilla en el cajón de mis medias.

Sofi,

durante unos segundos fui mi persona preferida.

 

Sofía,

no quiero que conozcas algunas de mis cuevas.

 

Sofía,

vamos a tener una linterna pero te juro por Dios que

no la vamos a necesitar.

 

Quiero que solo la usemos para hacer constelaciones.

Te prometo que para ese momento ya sabré hacer un Saturno de la puta madre.

 

Sofí, Sofía, Bebita, ojalá fracasemos,

ojalá nos saquemos la mierda,

pero también ojalá que ya no nos importe tanto.

 

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A Sofía todavía se le detiene el corazón cuando pasa un carro rojo,

pero ahora sabe que también se llega a pie.

 

Sofía aún le teme a las alturas,

pero ayer pagó la primera cuota de una escalera.

 

Sofía cree que Plutón sigue siendo un planeta

y si a ella le gusta a mi me da igual.

 

Cuando a Sofía le den apagones,

acercale la linterna que le regalé para mirar juntas las estrellas.

 

Cuando Sofía dude,

acude con certezas a las olas del mar.

 

Cuando Sofía tenga frío,

recuérdale que es mitad mariposa y mitad roca ardiendo.

 

Sofía, vamos a la pista y que sepan todos que nosotras no nos vamos hasta que nos sangren los pies.

 

Sophi Mar (Arequipa. 2002)

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Esta habitación. Esa Habitación. Todas las Habitaciones Juntas.

 

Esta donde desapareció Lorena

La noche de Mayo en el 94 y el barrio fingió

Que había ascendido a los cielos

Para no seguir buscándola

Esa donde encontraron en una tina a Juana

Abrazando una tostadora eléctrica

Esa que es mi propia habitación

Donde por la ventana pasan Ellas

Y Ellas,

Ellas,

Las que gritan en las calles tarareando los nombres

De Lorena y Juana

María y Anabel

Que son antorchas bajo el cielo lunar

Desde esta habitación donde el teléfono se ha colgado

Las veo y recuerdo

Cuando tendí mí oído a Ellas

En tiempos como este

Donde cada mujer debiera ser un diario para cada una

En tiempos donde

Murmurar es un acto heroico

Ellas gritaron en mis tímpanos

Y se marcharon

Usando a mis muertas para sus pancartas

Colocando sus mejores fotografías

Robadas de sus diarios

En las avenidas sobre los autos

Solo eso quisieron de nosotras

La bandera esta manchada

La luna partida a la mitad

Y el teléfono con el que llamo

A cualquier persona en este mundo

Se ilumina en el vientre de la habitación

Los números nerviosos caen

Es la caída de una era

Es la caída de una bala

Perdida

Una mujer que parte

Una mujer que alzan iluminada

Y es solo

Una muñeca rota

Escondida

Dentro de otra muñeca

 

Renzo Huerta (Lima. 1997)

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Enigma de Pilar en un colegio internado

A mi chanchis

Su foto solo era un agujero en la esquina del escritorio. La carretera se infestaba de monos que danzan en motores. Ya no quedaba ni indicio de lo que ella fue y no necesariamente se refería a la muerte, pensaba: hay cosas peores que eso. Ahora solo quedaban acordes que saltan por las ventanas cuando uno se siente interesantemente desdichado. Recordó los gritos desesperados cuando el microbús comenzó a ascender rumbo al cerro San Cristobal. Agárrame fuerte, amor; agárrame fuerte. Ella escondía su nariz cerca del hombro de él y eso era suficiente para premeditar el amor. Ahora, siete años después, ella había adquirido la aristocrática costumbre del romance intelectual, de pocas salidas al semestre, de teléfonos cortos, siempre a dar menos de lo que se puede y debe. El beso solo fue saliva asustadamente escurridiza. No te ilusiones, hijita; los hombres son malos, bebé; lo primero lo primero. No podía dejar de pensar en la tráquea de su suegra, eso era lo que más hería, pensaba. El dolor era una naranja atrapada en el esófago. Las cerezas de tu cara penetran los apuntes. Amor, ¿Qué pasa si me vuelvo comunista? La uña se volvió parte de su labio. El cabello era sombra en piedra de playa. La voz era un juego de elefantes sobre el suelo dibujado en una tiza. La propuesta nupcial no demoró en llegar. Ella responde: “Ay huerta, si te matan  me quedo viuda”. Solo con esa convicción dieron un paso de simio hacia adelante.

 

 

Camila Briones (Lima. 2001)

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todas las mujeres que soy yo

 

A veces veo mujeres en la calle

y les sonrío

y ellas me sonríen

 

Nunca sé, sin embargo, si me ven

si se preguntan a sí mismas

si quieren sonreírme de nuevo

una vez más

o si lo hacen únicamente

porque de niñas les dijeron

que hay que ser amables

siempre, siempre

 

pero siempre a mí también

me dijeron que no le hable

a los extraños

 

ellas son extrañas

así que no es hablo y solo les sonrío

y espero

esos labios esos dientes

que me digan, tal vez,

aún hay algo alguien aquí

que quiere verte

aún hay algo alguien aquí

que te quiere

 

todas las mujeres que soy yo

que también, a veces, me sonríen

me dicen yo también estoy sola

con sus labios con sus dientes

 

somos extrañas

pero no necesitamos hablarnos

para darnos la mano

y sonreír

 

Cristian Rosillo (Callao. 1992)

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Somos un par de palitos de fosforo en una cajita de colores

El cielo ha cambiado 3 0 4 veces esta tarde
y seguimos contando las estrellas con los dedos

Nuestra historia es una larga lista de canciones bobas o demasiado cursis

Sigo esperando a que pase algo o que algo me pase

Somos como un par de muertos que intentan rescatar su alma

Los orfebres reemplazaron el oro con el barro
y el verano se llevó a las mariposas para que reinen las moscas

Las luces de estos postes se han torcido hoy por la noche
hay un árbol que impide mostrar la obra de arte.

Los columpios son usados por los fantasmas de dos niños desaparecidos

El mismo perro que ladra mi ausencia de carne
junto a los testigos silenciosos que aplauden este amor en secreto

Somos como un par de orugas que intentan reencontrarse
o como el hilo rojo que desea escapar de un rio de agujas

Somos como un montón de soldaditos puestos en fila
esperando a que la risa nos haga muerte
o que la muerte nos haga risa.

 

Elisa Tokeshi (Lima. 1998)

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Chica imaginario

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Imagínate

un día

agarrarnos las manos,

bajo un sol de verano

en el estadio nacional

mientras vemos a veintidós hombres

patear una pelota

y que me expliques, luego de preguntarte inocente

por qué patean la pelota

quién es el mejor

por qué prefieres una camiseta a la otra

por qué prefieres el fútbol

por qué vibras cuando entra la pelota al arco

y no cuando entras en mí

pero jamás me explicarías

ninguna de estas cosas,

ni yo te las preguntaría,

me bastará con agarrarte la mano

bajo un sol veraniego

en un estadio

mientras tú te mueres por once hombres pateando una pelota

y yo me muero por ti.