Rick and Morty: Un Cinismo Esperanzador

RICK: UN CINISMO ESPERANZADOR

Ponencia leída en el Cineclub de Rick and Morty en la PUCP en Julio de este año

 

Escribo esto sabiendo que la audiencia que acompañará la lectura de esta mini-ponencia es similar en edad a la mía. En otras palabras, que es de mi “propia generación”. Y que el compartir ciertos referentes culturales en común me hará un poco más fácil y directo el hablarles sobre mi experiencia con las series animadas “para adultos” puesto que lo más probable es que hayan visto las mismas de las cuales les voy a hablar esta noche.

A diferencia de seguro la mayoría de ustedes, nunca sintonicé el segmento Adult Swim mientras este fue transmitido en Cartoon Network. La noticia de un programa de televisión donde transmitían caricaturas con un tono diferente a las normales me llegó muy vagamente. Y cuando me enteré directamente me interesó muy poco. Mientras ustedes miraban shows como Pollo Robot yo era un aficionado a las caricaturas del desaparecido Boomerang, y me daba maratones en mi infancia con animaciones muy antiguas como La Pantera Rosa, La Hormiga Atómica, Gorila Maguila o Don Gato. (Tal vez la única caricatura para “adultos” que vi durante mi pubertad fueron Los Simpsons.)

Cuando llegué a la última parte de mi secundaria recién me toparía con los shows derivados del éxito de Adult Swim. Era el tiempo en que MTV Latinoamérica empezó a transmitir nuevas caricaturas, paralelas a sus clásicos de los 90s (el muy disfrutable Daria por ejemplo). Sé que la mayoría de ustedes debe recordar esa época en que MTV rompió los límites que ellos mismos habían impuestos. Es cierto que los realities existían desde los años 90s al igual que caricaturas que tomaban un humor ácido como fuerza de choque. Pero para 2006 y 2007, a la par que los adolescentes de mi edad amaban y odiaban a las bandas emo de moda, los mismos adolescentes miraban con más morbosidad que sorpresa shows como Jersey Shore o Tila Tequila; y los programas de caricaturas para adultos rompían sus propios límites de irreverencia y se alzaban como lo que eran: Hermosos hijos sin padres que atender ni reglas que seguir, absolutamente libres y veloces. Algo así como el tótem en el que se ve transformado Bart Simpson por un telepredicador, quien lo viste como el código moral a las alturas de la época: “Sean como el niño.” Es decir, Hagan lo que quieran.

Para mí hay una escena en uno de los shows de fines de 2008 que ejemplifica ese total desbalance entre reírse de algo que no te era permitido a reírse de todo y porque sí. La Casa de los Dibujos fue un show televisivo en el cual se simulaba un reality show que en vez de estar poblado por los artistas del momento era animado por supuestas estrellas de la animación para niños venidas a menos, caricaturas la mayoría de ellas en reminiscencia a alguna “Real” de décadas anteriores. Uno de los personajes era Puerquísimo Chancho, un cerdo con aspecto de chulo quien en un breve flashback en uno de los capítulos se muestra en su faceta de “padre”. El segmento del que les voy hablar fue muy polémico y discutido en su momento. Incluso Dross Rotzank menciona a este personaje en uno de sus tops 7 de los peores padres de las caricaturas y precisamente por esta escena. El padre cerdo presencia el parto de su hijo con las manos abiertas esperando a su crío, aparentemente emocionado, el recién nacido cae en sus brazos para ser puesto por Puerquísimo de manera instantánea en un moledor de carne. Luego de descuartizar de esta forma a su prole, pone las salchichas producto de su hijo (¿) en  un plato junto a un precio y un anuncio de se “venden salchichas miniatura”.

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De hecho hasta Rick and Morty nunca me vi atraído de manera excesiva por una serie animada para adultos. Veía shows como La Casa de los Dibujos o South Park pero no podían lograr engancharme lo suficiente. La sensación que tenía incluso en ese entonces, pero no hubiera podido explicar, era la de presenciar un acto de estruendo. Y por eso mismo cada show era intercambiable. Recién puedo gustar de varios de los shows animados actuales porque ellos han sabido dar una respuesta a sus predecesores. Una respuesta un tanto inadvertida dado el evidente tono posmoderno de todos los shows animados, cínicos y no cínicos, y que tiene más que ver con el contenido que con la técnica.

Dan Harmony no es solo creador de Rick and Morty, sino dirigió una serie de culto que fue cancelada, me refiero a Comunity.  A pesar de tener todos los rasgos de un sitcom de su tiempo, en él se podía apreciar que el interés de fondo de la serie no era uno superficial o consistía en una risa por la risa. El interés se desplazaba a averiguar cómo las personas intentaban comunicarse unas con las otras a pesar que en este tiempo eso sea una tarea dificilísima. Y para ello el humor no estaba enfocado en despedazar a cada personaje o presentar sus problemas como imposibles de resolver (y trágicamente graciosos por ello) sino en lo patéticamente tiernos que podemos ser mientras tratamos de arreglar nuestros pequeños asuntos.

Esa misma preocupación está presente en Rick and Morty. A primera vista esta serie no tiene en sus procesos técnicos una diferencia con sus predecesoras. Utiliza a la historia como un navegador web, hace referencias pop con una continuidad abundante. Pero la serie no se basa en cuantas referencias culturales pueda hacer o cuanto pueda asegurarnos que nada tenga sentido y que podemos hacer lo que se nos venga en gana.  Si es que tuviera que elegir un tópico para englobar la serie es la de una permanente lucha frente a la indeterminación del universo, que no es resuelta por una fe en un gran relato o una ideología que coordine todos los hechos de la realidad en un discurso ordenado y perfecto, sino tan solo por la esperanza de estar acompañado por las personas que amamos cuando todo se destruya.

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Lo que no significa que los personajes de Rick and Morty, y especialmente Rick, no estén desprovistos del cinismo de los shows predecesores. En absoluto, Rick es totalmente cínico, y a pesar del amor que tiene a sus nietos, su gusto por parecer un hombre duro y su obsesión de no ser lastimado por nadie le dan el tono oscuro al show. Pero estos elementos no son más que una cartografía de la depresión que el personaje presenta. Su uso de la ironía y su cinismo no están en él por pura diversión, sino para representar a través de contrastes algo que los shows para adultos de los 2000s consideraron perdido o innecesario: las sensibilidades de los personajes que vemos a diario.

Hace una década también, cuando el movimiento por la nueva sinceridad publicara un conocido manifiesto en Internet esbozaba en una de sus líneas que la ironía (opuesto a la sinceridad) no debería considerarse un enemigo y que la verdadera rebeldía no era regresar a los shows azucarados y family-friendly de medio siglo atrás sino el de usar la ironía a favor de un personaje que fusione ambas (ironía y sinceridad) como una especie de Voltron triplicando su capacidad expresiva.

Creo que Rick es un personaje que cumple la máxima de aquel manifiesto. Pocas veces me he sentido tan atraído por los recursos estilísticos en la narrativa de algún personaje de una serie animada. Pero Rick Sanchez es uno realmente logrado y admirable. En él hallamos a un personaje fragmentario, no un héroe moral como lo pudieron ser Ulises para los griegos, más parecido tal vez a los héroes cristianos de Tólstoi o Dostoievski. Es repugnante, como nosotros, porque estar vivo significa rodearse de absurdo y mediocridad. Y Rick desde esa vida mediocre, a pesar de tener tantos colores y matices, acaba en los momentos cumbres de la serie coordinando su integridad moral, optando siempre por salvar a los seres que ama.

La mayor parte de la serie Rick intenta asemejar un tipo que va un paso adelante a todos en cualquier situación. Y de hecho la mayoría de veces esto es cierto, por algo es frecuentemente  llamado “el mamífero más inteligente del multiverso”  Esto solo hace que sus escenas de vulnerabilidad sean tan poderosamente sugerentes dentro de la trama de la serie animada. Podría mencionar algunos de los momentos más grandilocuentes, su sacrificio por Morty en el primer capítulo de la segunda temporada, su intento de suicidio luego del abandono de su ex novia Unidad una colmena mental, etc. Sin embargo el momento de vulnerabilidad más interesante de la serie es para mí uno cotidiano y que puede ser pasado de alto. Es en el capítulo en que Jerry es abducido por los gobernantes de Plutón quienes plantan frente a sus habitantes la farsa que Jerry es un científico terrícola que afirma que Plutón es un planeta ( y no un cometa como los científicos han denominado hace una década) por intereses políticos dentro de su propia gente. Mientras Jerry y Morty están muy lejos de casa, Rick va a buscar a cada uno de los miembros de su familia. Empieza por su favorito Morty y al no encontrarlo prosigue.  Inclusive busca a ¡Jerry! A quien tanto ha despreciado durante toda la serie. El final de la situación concluye cuando Morty entra en escena y Rick esconde su sonrisa, guardándose detrás de una eterna despreocupación su felicidad por tener alguien con quien no estar solo.

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La generación de artistas que escriben las mejores series animadas de nuestra época (Hora de Aventura, Gravity Falls el mismo Rick and Morty, Bojack Horseman etc.) forman parte de una especie de rebeldes silenciosos, tenuemente parricidas con la generación que los precede. Forman parte de la rebeldía cultural menos estruendosa en varios siglos, una que precisamente se opone al chillante rebelde cínico del posmodernismo.

Una de las cosas que les debe haber pasado a muchos de ustedes al ver Rick and Morty y de seguro no les pasaba con American Dad o South Park es una especie de sensación de menor gravedad en la planta de los pies o ese frío cósmico que uno sentía en la nuca cuando de niño te explicaban por primera vez el asunto de la muerte. Prácticamente todos los episodios de Rick and Morty me han partido de risa por sus imaginativas situaciones y al mismo tiempo me han acabado poniendo contra la pared de mi existencia con preguntas muy muy serias. Shows como Rick and Morty rompen el círculo de la “risa por la risa” o el entretenimiento por el solo hecho de querer distraernos un poco de nuestra realidad. Rick and Morty nos redirige a nuestra realidad con mayor violencia de lo que esperamos. Y en el proceso nos hace temblar y sacudirnos. Eso es lo que hace a una obra de arte en realidad, una Gran Obra de Arte, como las que con el tiempo les ponemos velitas al estudiar sus nombres para los exámenes de colegio o universidad. Creo que; por que sí, somos un colectivo de poesía y escribimos poesía y comúnmente a todas las ideas que vemos nuestro cerebro-reptil poeta las enfrenta con un ¿Cómo puedo usar esto para mi escritura?, y creo que los escritores y artistas jóvenes que aún viven la fantasía del cinismo dank en su arte tanto como en su vida podrían aprender mucho de esta serie animada. Porque sí, el arte entretiene, pero shows como Rick and Morty nos recuerdan que el arte no es solo entretenimiento, sino mucho más junto a eso.