La sensibilidad de J Estiven Medina Ortiz

 

 1- Una naturaleza ignorada.

Nuestra cultura popular nos ha dotado de una masiva costumbre de reducir los grandes problemas del mundo a la culpabilidad de ciertos grupos muy alejados de nosotros. Personas increíblemente distantes y que bajo ninguna posibilidad podrían tener algo que ver con nosotros. Un mundo de burbujas funciona así.  Las decisiones políticas e individuales que han convertido al lugar que vivimos en uno donde ubicamos la culpa de nuestras tragedias en Otros serían motivo de otro texto (uno bastante largo). Pero volviendo, parte de la culpabilidad que le damos a ese otro está casi instaurada como un modo de cultura popular. Los hinchas del futbol culparán a los dirigentes, los intelectuales a los políticos, los políticos a las personas que no se comprometen con la política, etc.

El punto es, ¿Qué sucede si nosotros vamos repitiendo patrones que supuestamente solo están asignados a esos otros culpables de todo? Sin darnos cuenta claro. Como intelectuales tenemos una clase mayoritariamente de izquierda que lee y consume lo poco de literatura que aún existe en este planeta y a la par culpa en ciertas ocasiones a un excesivo presentismo y hedonismo como motivos de la falta de compromiso social con la actualidad. Sea eso o no una razón para condenar o funcionar de inquisidores, a la par las personas que denuncian este ensimismamiento promueven arte que con un poco de refinamiento nos dirige hacia el mismo presentismo o hedonismo.

La poesía juvenil peruana y latinoamericana última parece un tanto consumida por ese hedonismo o ese presentismo (o ese sentimiento de pesimismo inevitable ante todo). Aquellas son características un tanto predecibles para las naciones en las que estamos viviendo, sociedades que poco a poco ubican sus recuerdos de infancia en las marcas comerciales que consumían en los 90s y que sin darse cuenta acaban abrazando botellas vacías con etiquetas fosforescentes. Nadie lo podría notar, porque la crisis que se está dando actualmente es un tanto invisible, no tiene mucho que ver con la calidad de los poemarios que se están escribiendo sino con el tono de esos poemas que se vuelve cada vez más predecible y repetitivo.

¿Cuántos poemas juveniles de los autores más prometedores últimamente han optado por expresarnos sus preocupaciones y deseos usando tópicos que pueden ser resumidos en o hedonismo, o presentismo o un nihilismo que sienta como una gorra hacia atrás a un skater de los primeros años 2000s? Hace poco revisaba el fanpage de una web de poesía latinoamericana que realmente admiro. Los administradores de páginas de poesía suelen (solemos) hacer un post en fb en el cual junto al link de los poemas ponemos algunos versos que sirvan como gancho a los potenciales lectores. Los “highlights” del poema. Bueno, abrí esa página y precisamente de los últimos 10 poetas públicados los highlights eran siempre los versos más irónicos y que te dejaban en el paladar una sensación de derrota inminente frente a la vida. El pesimismo que le serviría a cualquier alumno de secundaria para mostrarse un poco más popular burlándose de todo. La ironía como un arma de popularidad masiva. Menciono esto para sustentar el siguiente punto ¿La poesía latinoamericana no se está convirtiendo en un páramo de ironías y representación de o bien un nihilismo o un hedonismo que solo nos dejan frente a un presente donde nos queda o buscar un poco de placer o morir arrodillado frente a la nada?

Varios estudios de la mente humana aseguran que esta no dispone su orden en el presente o el pasado, sino funciona suponiendo lo que sus acciones producirán en el futuro. Homo prospectus.  Hombres que salen a las calles a trabajar por un dinero que recibirán en un futuro. Futbolistas que entrenan duro para una competencia que no está sucediendo en este momento. Personas paralizadas por el miedo a las consecuencias que un error Ahora producirán en el futuro. Vivimos en el futuro, no como slogan de una nueva marca de refrigeradoras, sino vivimos lanzados a él. Y el futuro es indeterminado e incierto. Es por eso que suena a una locura saber que vivimos en una sociedad en la cual ese futuro es permanentemente ignorado

2- Breve Intermedio Musical

Hablando específicamente, incluso entre los autores peruanos más jóvenes, el brillo y la técnica de estos libros, que de hecho han vuelto muy interesante la escena contemporánea, empiezan a parecer demasiado uniformes. Prácticamente cualquier poeta nuevo puede parecer emocionante juntando algunos elementos. La actualización del mito de Prometeo, ciertos referentes culturales + un ritmo delgado y ágil.

La razón por la cual hablar de J Estiven Medina Ortiz valga la pena es que su poesía puede verse como algo que aparentemente está dentro de ese grupo de arte nihilista o hedonista del que he hablado antes pero, por ciertas razones específicas, escapa a él.

3- ¿Quién diablos son los Artic Monkeys?

J Estiven Medina Ortiz vive en Andahuaylas, nació allí. El estar alejado de Lima (capital y lugar en Perú donde se puede decir que aún subsiste un circuito editorial que pueda llamarse así y se publiquen libros de poesía que si bien pasan desapercibidos son publicados regularmente) no le impidió llegar a los lectores limeños a través de constantes publicaciones en internet. El momento en el que Medina logra mayor visibilidad es a finales de 2014 e inicios de 2015, cuando el “boom” de la poesía de internet se traslada de la inicial alt lit norteamericana a Latinoamérica. El trabajo de Estiven Medina Ortiz es aceptado por los lectores que al mismo tiempo ubicaban su radar de lo nuevo y refrescante en autores como Tao lin, Noah Cicero, Pamela Rahn o Kevin Castro.

La trayectoria de Medina es muy similar a la típica trayectoria que tendría un músico indie en este momento, es decir una larga carrera bajo las armas del “hazlo tú mismo”. Hasta ahora nadie ha publicado un libro de Estiven Medina más que él mismo. Ellos hasta ahora se reparten exclusivamente en pdfs que cualquier persona puede descargar a cambio de nada. Algunos de sus proyectos ocuparon tumblrs que luego el mismo autor ha desaparecido. Estas tecnologías le han permitido publicar 3 poemarios (Hablemos de mi mientras las hormigas devoran el sol. Parte I (2014), Apaguen el Fuego (2015) y Delirios de Grandeza (2016)) junto a una gran cantidad de textos que se dicen pertenecer a otros libros en proceso, la mayoría de ellos mostrando un afán del autor por rayar los límites de la poesía como género establecido,  convirtiéndola por tramos a algo parecido a un diario en prosa.

Pero debo retomar el final del primer párrafo y recomenzar esto; ¿Qué diferencia hay entre Medina y Lin?. O más cercanamente, entre Medina y Rahn o Román Marroquín?

4- Cursi no, soy más bien un poco tonto

La poesía de Medina es sumamente pop y juvenil, ágil, plena de referentes culturales que la hacen parecida a tantos otros autores. El punto de inflexión es que una impresión generalizada al culminar sus escritos es una sensación de ternura en la boca del estómago que hemos aprendido a identificar como algo cuyo lugar pertenece al final de las películas de Disney o al cerebro de algunos chicos ingenuos tan jóvenes para aun ignorar que el mundo es un lugar perverso y sin esperanzas.

Desde un enfoque poco auspicioso, la poesía de Estiven Medina es “cursi”. Esa es la sensación que uno tiene al culminar de leer Hablemos de mi I o II (que aún permanece inédita o se puede considerar publicada por pedazos en internet) La percepción de Medina es sumamente sentimental, casi entregada a ella. Arriesgándose a ser tomado como un simple idealista, este tipo de poesía sin embargo nos acaba derivando hacia una perspectiva que pensábamos perdida (especialmente perdida luego que a la lírica le fue cortada la cabeza) que los humanos no somos seres robóticos suficientes y capaces de no temer al mundo, cuando somos un conjunto de emociones, razones y sensaciones desordenadas erróneas y poco concisas.

Volvamos a pensar tan solo un párrafo en el lugar donde Estiven Medina publica sus poemas. Internet. El reino del cinismo. ¿Cuándo fue la última vez que nos topamos con una conversación sobre un tema un tanto polémico sin que alguien dijiera “hey, creo que eres un poco más tonto de lo que piensas”? Las relaciones a través de memes irónicos, un humor exacerbadamente deconstructor de todo; son las aceleraciones de un tipo de atrofia que Foster Wallace había ya identificado en la cultura popular norteamericana (al fin y al cabo, la cultura popular de todo el mundo) a finales de los 90s: Un cinismo que es el miedo a ser realmente humano, patético y vulnerable.

5- Nervous Young Man

Los personajes de la poesía de Medina Ortiz no son unos que enfrenten a la realidad deconstruyéndola a su favor. Es fácil caminar encima de los problemas del mundo si uno los desarma en banalidades del tamaño de un juguete de niños.  En ellos El joven colérico del Look back in anger inglés, en su percepción nihilista de acabar con Dios (deconstruirla para términos literarios) es reemplazada por la figura del joven ansioso del mundo, que efectivamente teme (y se sacude y babea mientras lo hace, como Morty en la famosa serie animada Rick and Morty) y eso es lo que lo vuelve real para un lector.

El proceso por el cual Estiven Medina carga al personaje de sus poemas es por una caracterización indirecta: Medina no habla de la depresión o los nervios llamándolos por su nombre como tal vez si algunos autores de la alt lit si prefirieron (Un verso de Yaxkin Melchy podría ser atado a esa poesía explícita “Los poemas ahora lucen expuestos/ como productos en un supermercado”) Medina caracteriza a sus personajes mostrando los síntomas de sus depresiones, miedos y dudas. Esa caracterización es lo que hace que estos personajes puedan ser sensiblemente reales a los lectores.

Paranoideo finalmente se agota cuando empieza a amanecer y el frescor atraviesa la habitación por las rendijas/ le zumban los oídos y deja su novela casi terminada/ Está un poco orgulloso/ como todos/ sus huesos son frágiles filamentos de odio/ da click al ícono de una canción en la pantalla de su computador y se pone a bailar / alza los pies como si cuidará inútilmente de guardar un orden/ los brazos le ondean y sus dedos juegan a coger algo con una desesperación antigua / sus tiesos cabellos empinados más por la emoción que por la suciedad/.

Este tratamiento puede compararse con  miembros de lo que fue la alt lit, como los poemas de Tao Lin que intentaban graficar ese nerviosismo con versos explícitos como:

“buena idea” acabo de tipear

siento de que acabo alienarme más de mi propio poema desesperado

los seres humanos que interpretan mi poesía como “un grito de auxilio” en general me alienan más

me siento alienado por los ruidos que acaban de salir de mi celular

voy a mirarte a través de un telescopio y después me mudaré allí en busca de ayuda

6- Tienes que tener un poco de fe en la gente

La razón más poderosa que diferencia a Medina de varios de sus compañeros generacionales es su persistente evocación de la muerte. Sí, es cierto que la poesía de Medina nos muestra sus problemas en un nivel micro. No son sus versos la historia oficial de una nación o un grupo de personas. Es intrahistoria. Y si no miramos bien nos podrá parecer que los problemas de sus personajes son también pequeños problemas, cosas cotidianas como pelear con una novia o extrañar a alguien.

El punto clave es que el nerviosismo de sus personajes no se produce por una razón pequeña. El personaje de Medina no está nervioso por nimiedades. Sus temores (al final de un amor, las malas decisiones de una vida,  el rechazo de alguien, etc.) están ordenados por un enorme temor a la muerte. Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el sol. Parte II es un tour de forcé sobre el miedo a perderlo todo. Cada cosa que hacemos y consideramos valiosa está destinada por su sola presencia a acabar. La desintegración de Todo es lo que sacude las rodillas en los poemas de Medina.

Bajo esa perspectiva, a su vez, el amor recupera su importancia. Ya no es este un vehículo para el placer en una vida de por sí miserable. Es más bien una contradicción a las leyes del universo, construir a pesar de la noción de un final. Esto rescata a Medina de ser un artista melancólico  que ensalza las promesas de la modernidad antes del momento en que la historia reciente del Siglo XX las hizo trizas.  No veamos  a Medina como alguien escribiendo las beldades de amar a alguien y querer que sea por siempre o inscribirse en el partido comunista tan solo mostrándonos la película hasta el “Y fueron felices por siempre”. Medina no es optimista en ese sentido, la vida es miserable. Él no rechaza la ironía ni el pesimismo para su expresión sino la sabe amalgamar con su esperanza.

/Por cierto, el último libro de Medina, Delirios de Grandeza, es uno en el cual Medina deja casi toda esperanza y abraza una especie de escape en una levedad, como nunca antes lo había hecho en sus poemas anteriores.  De aquellos últimos poemas de ese último libro no les he estado hablando, sin embargo vale mencionarlos para aclararles de la poca “cursilería” de Medina Ortiz/

/Por cierto, con todo esto no quiero que piensen que debemos odiar a quienes sean nihilistas o pesimistas. Orwell y Huxley y otros centenares de autores que amamos lo fueron. Lo que quiero que se cuestione es el cinismo como fuerza hegemónica en la literatura joven y en el internet/

En el fondo Medina nos dice que no hay necesidad de apelar a los grandes relatos y antiguos esquemas de la realidad para hacerle frente a esta. Estos esquemas están hechos trizas, la realidad es permanente indeterminación. Si hay un orden en el universo este escapa muy probablemente a nuestro entendimiento. Y sin embargo Medina no se desintegra en un enfoque plenamente relativismo o nihilista, sigue tomando al amor como una energía esperanzadora. Porque luego de todo pareciera que la fuerza latente de la humanidad en todas sus épocas es la esperanza.

El poema final de Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el Sol. Parte II ha sido publicado en varias revistas y blogs. En este poema se resume la ética de la poesía de Medina, y es el triunfo final de esa esperanza sobre la inevitable muerte. Esta victoria no olvida la presencia de ese final, ya que resume y da valor a nuestro transcurrir en nuestras vidas. Los versos:

No he trabajado con el ánimo necesario porque la muerte llamaba a mi puerta insistentemente y nunca quise abrirle

Pero un día le abrí

Porque sentí que podría haber algo similar al sexo brutal entre nosotros

(…)

Somos unos desagradecidos que no tienen el mínimo reparo en usarlo en metáforas tontas

De algún modo incriminan al personaje por haber huido de la muerte escondiéndola de su vista, cuando aceptarla como parte de su naturaleza (aceptar lo indeterminado) es el camino en por el cual el personaje de Medina se vale para fundamentar su peso.

Después de Medina solo cabe la pregunta ¿Cuánto tiempo nos pasamos escribiendo quejas refinadas que hacemos pasar por literatura? ¿En qué momento hablaremos sobre lo que realmente nos importa?:

Mi corazón

Es un montón de hormigas

Yendo a devorar el sol

Que es la muerte.

 

Estiven medina en una foto familiar

 

 

 

BREVE SELECCIÓN DE POEMAS DE ESTIVEN MEDINA ORTIZ:

 

Dos Poemas del Señor Cadáver

 

I

 

Decir yo lloro es quebrarse frente a una comunidad expectante. Decir yo me quiebro es confirmar la fragilidad de la que se está hecho. Decir soy frágil es estar consciente de que la muerte es una posibilidad latente, aunque la muerte siempre es eso. Decir soy consciente de mi fragilidad es admitir valientemente que se es cobarde. Decir soy cobarde despierta la sospecha de que se está enfermo. Decir estoy enfermo, no es más que confirmase vivo. Decir estoy vivo es casi lo mismo que decir estoy muerto, Sólo que en el primer caso el tiempo es como un gusano hambriento que ronda el cuerpo y en el segundo el gusano mira enternecido y saciado.

 

II

 

Una herida, una sonrisa de chorreados bordes rojos, una sonrisa de ironía, de problema, de verse atrapado indefenso en la sombra del llanto. Una herida color llanto, qué trazo ordinario se hiende en mi cuerpo, como venido de un largo viaje.

Una herida, qué mal te hace. Y perdona por mirarla con desconfianza y pena, me duele tanto como a ti, ya no quiero apretar los párpados conteniendo el derramamiento, ni ascender como burbuja y expandirme en el preciso momento en que comprendo que desaparezco. Soñar es una manía sobrevalorada.

Prefiero la inmovilidad, la inmunidad del que se trepa en lo alto del vacío cuando la inundación es inminente, también prefiero la inmunidad al tiempo, detesto la reiterativa confirmación de estar vivo.

Tiempo dócil, desmedido y violento, tiempo de bolsillo, de caramelo partido en pedazos para endulzar la boca y disimular el tufo de la desesperación.

Prefiero la inmaterialidad, la mala memoria, el oportunísimo desvío de la realidad, el estar echado pensando en el dolor de cabeza. Prefiero la mosca atrapada en mi mirada, atadas sus alas a mi mediocre vuelo a ras del suelo.

Prefiero sacudir mi perforado cerebro, atiborrado de esos gusanos que sobreviven con aire maligno, que no se esconden por tenerme pena. Preferiría ser un insecto imperceptible a tener que odiar a dios. Inventar un dios para odiarlo.

Creo que partirán sin mí.

Porque no están para recoger cadáveres (o heridas colmadas o heridas colmenas). Sólo heridas, sólo espasmo.

Y avanzar.

 

 

Buenas Noches o el Principio de mi Cuerpo

 Buenas noches. Estuve escuchando canciones de amor y vengo a su puerta a encontrarme con usted y ver si puede recibir esto que se me sale del cuerpo, no he podido contenerlo, mire como se desparrama.

El principio del amor es también el de la soledad la incertidumbre y los cosquilleos en todo el cuerpo. El principio del amor es también el de la noche y del final.

Buenas noches, he tocado su timbre incansablemente durante 2 días, pensé que estaba muerta, muerta de amor, pensé que se agitaba en la noche y en sus sábanas y de vez en cuando se acercaba al espejo a reconocerse la última chica de una especie muy extraña que no atiende a los timbrazos desesperados porque la reconcilian con los sonidos que vienen de calles sucias y viejas y vivas y corazones.

¿Alguna vez pensó en mí?, digo, ¿alguna vez me mordió en la soledad de su habitación?, ¿llenó una libreta intentando adivinarme el nombre?, mi nombre no importa en este sudor, mi nombre sólo me aproxima a usted en la medida en que lo permita, mi nombre es un acantilado de rabia y timbrazos, mi nombre es un pretexto para estar aquí en su puerta con un par de gotas surcándome la frente como un reloj o un mes de indigencia aplastándome.

¿Alguna vez me mordió en la soledad de su habitación?, me buscó como a las cosas que se pierden en los rincones impensados, en el lugar donde el sol cae con tanta furia como un río de fuego o insistencias o como un atardecer oxidado o un animalito a quién nadie quiere por no tener amor que dar. ¿Alguna vez me mordió en la soledad  de su rencor? No me conoce porque estoy al otro lado de su puerta, pulsando el timbre que hiede como un órgano que no ha terminado de formase, un bicho a medio camino, sin dientes para defenderse, sin lágrimas para sufrir.

No me conoce porque se entretiene con la duda entre sus piernas, piernas que he deseado hasta enloquecer, no me conoce porque mi voz ha sido camuflada por insectos que no son más que luz dormida en mis manos. Si me conociera. Si me conociera. Buenas noches, vengo a decirle que si me conociera la decepción caería como un manto atrapándonos indefensos y haría gala de sus más variadas palabrotas aprendidas en casas de nostalgia y juguetes prohibidos, que si me conociera sus dientes vendrían a mi pecho a llevarse todo, que nuestras manos se atraparían como mariposas con leve esquizofrenia tejiendo el cielo, seríamos la misma versión de una mentira, el distinto rumbo de una misma intención.

Si se decepciona de mí, encienda las luces de su auto, partiremos a mi olvido.

Tráteme  como a un chiquillo, por  allí empieza mi fijación. Es mi dolor la que hiede, es su puerta mi hueso supremo, este edificio ha sido construido implícitamente pensado para ambos, para protegernos de nosotros mismos hasta llegar al momento del destruirnos, este edificio, si quiere, se hará puente entre usted y yo.

Estuve escuchando canciones de amor. Y bueno, pensé en usted, porque me sentí sólo y luego pensé pero hay una chica que vive al lado y también pensé en su sonrisa y se me clavó en el cerebro, hubiera visto la marca que me dejó, parecía un mapa jaja.

Hay mapas que llevan a algún lado (a estar solo a estar sin mí a estar sólo conmigo a estar sólo sin mí)  y hay mapas que me llevan a usted. Hoy corrí desnudo en mi pensamiento crucé una suerte de ríos o charcos en realidad no entiendo los paisajes ajenos y llegué a su casa tuve que preguntar mucho suplicar pero la gente pensó que enloquecía a algunos les pareció una cosa linda ir a buscar al amor de su vida en la nave de la desesperación que es la desnudez algunos intentaron abrigarme con edredones que eran su propia piel con la que alguna vez también buscaron sin éxito yo escapé de ellos y estando lejos les dije eso no importa mientras estemos vivos eso no importa mientras estemos dispuestos a morir defendiendo nuestra vida eso no importa putos tristes eso no importa mientras el mapa te surque el corazón como un arañazo de premonitoria despedida que alguien te dejó mientras llovía oscuridad frotando una promesa en los labios y en el cerebro.

Buenas  noches, escondo el sol en mis bolsillos, lo he separado como una naranja por la mitad, y su jugo ardiente me ha perforado la piel, pero soy optimista y me entretengo adivinando las formas que me ha dejado, es un rojo muy amarillo un rojo muy anaranjado me duele a veces cuando me pierdo en las grietas de mi pierna perforada y ardiente e iridiscente todo refulge como una fiesta de disfraces y desnudos como una fiesta en un sepulcro como despedida eterna como el conocimiento absoluto llenando nuestros vasos de cervezas. Estoy hablando solo otra vez. Buenas Noches. Mi nombre es//Buenas noches, he venido a enamorarme de usted. He caído del cielo soy un ángel que se suicidó escuchando canciones de amor. ¿Su timbre funciona? Buenas noches. Soy yo, su cuerpo. Su viernes su horario corrompido su amnesia detestable su insomnio desesperante su estrella fugaz el terrible vagabundo de su corazón su pequeño patético su te amo desgastado su escritor en ciernes y derrotado soy yo sus 18 años en la espalda soy su olvido el estudio del vacío entre las cosas que trae en su cartera. Buenas noches, soy un ciego que adivina su rostro en los alaridos de mi sangre, soy mis ojos suspendidos en su caligrafía soy mis párpados calientes atravesando su habitación.  Soy mi delirio con usted soy mi noche sostenida en su vientre. Buenas noches. Eso no importa mientras estemos vivos. Pero yo estoy muerto. Un tema manido en mi escritura es la muerte y me he preguntado por qué pero los muertos no se preguntan por qué sólo buscan en los resquicios de sus venas algo de vida para engañar este sepulcro. Estoy muerto en el último asiento del cine donde pasan mi vida como un suceso cómico y trivial y la gente ríe se desternilla de risa y desconcierto porque esa vida extrañamente se parece a la de ellos entonces no saben si seguir riendo o ya ponerse a llorar y formar un lago de lágrimas en medio del cine y ponerse a cantar canciones de amor alrededor. Me dan palmaditas en la espalda y yo sonrío como diciéndome buen trabajo jaja luego el cine queda vacío y mojado y entonces extiendo las manos y abarco todo como un dios caprichoso y juguetón y lo comprimo con mucho esfuerzo y me lo coloco allí donde debieron estar mis pulmones. A usted la soñé sobrevolando el cielo morado sentada a horcajadas en un cigarrillo gigante. A usted la soñé sobre mí sobrevolando el cielo morado agitando los brazos y bamboleando cuidadosamente el cuerpo yo dije esto debe ser un sueño porque aún sigo tocando el timbre de esta chica testaruda que no me abre la puerta y usted se agitaba ferozmente y gritaba mi nombre y su voz pintaba mi rostro en cada estrella yo estaba orgulloso de mi pero era un sueño y los sueños dejan muy gastado mi cerebro pero yo venía de escuchar canciones de amor y me lo merecía. Y usted calló tan súbitamente que descolgó mi felicidad de su corazón y mis ojos se fijaron como espadas en los suyos y no entendí a qué jugaba luego sus deditos danzaron en mi pecho el pretexto de estar en esta situación traté de ayudarla a bajar de mí y calmarla iba a decirle yo tampoco sé lo que pasó pero usted me abofeteó antes de poder hacerlo y cogió su vestido hecho de hebras de tabaco y cubrió su cuerpo y ascendí no sé adónde  como humo sin  entender nada.

 

 

Sigo esperando

Anoche soñé contigo. El sol, como el bostezo de dios, suspendido sobre nuestras cabezas, escupía ese calor que tanto odiábamos recibir y al que nos referíamos, con frases ofensivas y tiernas en las canciones que escribíamos, en nuestros años de colegio.

Nos encontrábamos en una época compuesta por dos, superpuestas en una realidad desbordante de nostalgia y alegría polvorienta. Veía el cielo descolorido, los árboles tiesos, el suelo salpicado de desiguales islotes de hierba, olía a viejo y tu rostro era el de un muchacho que se ahogaba en la adolescencia y que emergía de pronto en una superficie de amargura y resignación a tener que vivir en una realidad completamente anacrónica a la trazada por nuestros sueños.  Tocabas la guitarra, alternando a veces el viejo sonido de tus manos sobre el instrumento, con renovados golpes de silencio que encontraban su mayor intensidad en las miradas de desconcierto que establecíamos al no hallar las palabras necesarias para recordarnos. Era claro que mi mente se deslizaba en un proceso de simbolización de mis inquietudes inconscientes, porque es lo que temo desde esa vez que me decías, por el celular, que ya estabas en el avión y que no me ibas a olvidar, como si sospecharas que al despegar de la tierra serías sometido a un nuevo régimen de vida, totalmente indiferente a la que llevábamos entonces.

Tantas veces imaginando tu rostro aporreado por los años y por esa vida dura de horario rígido, me dieron una idea vaga del rostro que tenías que llevar en el sueño y te puse uno triste, como cuando antes de llorar: los párpados a medio cerrar, la boca en una sonrisa inversa, la cabeza casi como una piedra de pena cayendo en el abismo del fracaso. Tal vez el sueño sólo era la mala reconstrucción de un recuerdo, pero nos encontrábamos más flacos y creo que morados, era evidente que el tiempo nos había atropellado con su bicicleta del mal y algo de nosotros había muerto hasta ser el morbo de la putrefacción. Entonces, nos teníamos allí, entre un año pasado y uno aún inexistente, mudos de palabras y expuestos a las dudas de si acaso esto era real o sólo la mutilada imaginación de alguno de nosotros.

¿Qué andabas haciendo por allá?, te pregunté  y tú hiciste un gesto de indignación pues yo ya sabía, trabajando, dijiste luego, también estuve trabajando, te dije, y tú sonreíste y tus ojos eran dos animalitos dignos de adoración, pura mierda, dijiste y yo consentí esa frase con una carcajada insonora. Te dije que tocaras algo en la guitarra y, como antes, colocabas inseguro la mano rodeando el mástil y tocabas los restos de una canción que habías compuesto y yo te había ayudado a descomponer, aún sabíamos las letras y la cantábamos como un himno contra el hastío y contra la gente previniéndonos contra la inevitabilidad de la madurez y la exigencia de estar preparados para ir a su encuentro. Luego nos dejábamos aplastar por la contemplación de nuestros nuevos cuerpos, los restos de nuestra voz, alargadas, distendidas en el aire quieto, fungían de coronas (¿cómo mierda se llama eso que llevan los ángeles sobre sus cabezas?), estábamos, repito, muy flacos y muy morados, aunque todo el ambiente era de ese color, a ratos me daba la impresión de estar solo, frente a unos cuerpos sólidos y distantes y tú, sobre todo tú, te erigías como un monumento, homenajeando nuestros días inasibles y prestos a desarmarse en el hastío de la realidad.

El sueño no fue gran cosa y será que los sueños se gastan y se transforman en películas antiguas (moradas) de terror, de tristeza, de cansancio, que se proyectan en la mente mientras se duerme, como si fuera un sótano secreto cuyo acceso es inesperado, casual, accidental e indeseado.

Aún suelo leer las conversaciones que teníamos en el facebook, me decías que sí, que efectivamente estabas trabajando y cada vez que podías me enviabas fotografías, que tomabas con el celular, del establecimiento en donde trabajabas: una tienda, y yo veía las verduras, cosas dentro de frigoríficos gigantes, mientras me decías que no te dejaban entrar al facebook en horas de trabajo y yo pensaba cómo nos hemos traicionado. Luego volvía a mis asuntos: trabajar, aburrirme, todo era tan irritante, pero pensaba que iba a terminar pronto. Luego empezaste a decirme que regresabas en mayo, para tu cumpleaños, para embriagarnos hasta recorrer la ciudad como dos perros envenenados de amor y yo feliz por la noticia, pero no llegaste y en cambio llegó el mensaje de que venías en julio, para el aniversario de nuestro país desconocido, y nada, te quedaste allí y yo me preguntaba ¿por qué?, ¿qué tan difícil es desgarrarse de la trampa de ser adulto o ser un adulto ingenuo? y no sabía qué responderme, porque tampoco podía desgarrarme de esa trampa. Los días desfilaron delante de mis ojos, todos sostenían una fotografía tuya, todas distintas: ibas envejeciendo en cada una que pasaba.

Para entonces ya no quería soñar con nada del pasado, pues, a fuerza de insistir ilusamente, se volvía una enfermedad. Prefería concentrarme  en mis asuntos, escribía poemas, dos, tres cuadernos, cigarros dejados al viento por la ventana de mi cuarto, mi guitarra siempre deprimida, idiota, pinté mucho, quería ser pintor, te acuerdas? Tampoco funcionó. Sólo encontraba a la ciudad con su rostro enojado conmigo sin razón alguna, caminaba y sentía que me daban de patadas en el culo, regresar adónde, si ningún lugar es suficiente.

Lamentaba no haber conservado tus poemas, aunque creo no me dejaste ninguna, he perdido todo desde entonces, salvo el recuerdo de las veces que intercambiábamos nuestros textos como si con ellos fuéramos a cambiar el mundo. Nos pudríamos en un pueblo pequeño, allí, donde todo crecía con la insolencia de creer que todo era único y nuevo.

Cuando recién te ibas a ese extraño país, montando un avión que nunca pude ver en el cielo, habías prometido tu regreso al cabo de un año, un tiempo soportable, ya van cinco y aún no retornas tu cadáver a este sepulcro de ilusiones. Sólo me dispongo a reír porque llorar, hermano, ya pasó de moda. A veces creo que volverás, a veces sueño que volverás, pero ya no espero y si lo hago, lo hago con la modestia de quién ha sabido sortear las crispaciones de la ansiedad.

Se me ocurre que quizá estás llevando la buena vida y que por eso no regresas, y que tal vez es lo mejor: apartarse de lo que no se mueve, actuar como el contragolpe, virar de dirección cuando las coordenadas no son más que un chiste absurdo. Te imagino y estás apuntando al mundo con un cigarrillo prendido entre los labios, con una soberbia eficaz y tan natural que llega a ser tierno, amenazándolo y exigiendo lo que te apetezca en ese momento: un buen perfume  de mujer más una mujer más sus palabras más un poco de su vida dispuesta a compartirla contigo, entonces imagino que se te escapa una sonrisa y el cigarro afloja un poco y está a punto de caer y cae y sigue cayendo y rebota en el piso y mientras se apaga, tu corazón late como si nada hubiera pasado, pues nada ha pasado. El mundo no transa con quienes no saben hacerlo.

Jugamos a sabernos los débiles, en contraste con quienes se empeñaban en ser más fuertes, sólo porque nos provocaba nadar a contracorriente, considerando además que esto no requería en absoluto el más mínimo esfuerzo (hábito que nosotros disfrutamos con devoción). Nos desplazamos por entre esa corriente, que a veces resumía muy bien nuestra tristeza (a veces no, porque no estábamos tristes), cuando caminábamos por la calle, de tarde y extrañamente silenciosos, me entretenía oyendo nuestros pasos y era como Tris- te- tris- te o a veces po-dri-do-po-dri-do, nuestros pasos a algún lugar donde pudiéramos fumar sin que nadie nos causara problemas.

Éramos la canción que buscábamos componer para gustar a algunos. Quizá sí, hurgábamos por otros caminos, posiblemente nuevos y por eso, con pocas probabilidades de triunfar, salvo cuando nos encontrábamos semiinconscientes de alcohol, trepados del pelaje de un cerro paternal, dejando nuestros ojos en las ramas de las visiones del futuro, que escapaban del agujero del abismo que vibraba bajo nuestros pies, atrayéndonos inevitablemente, ya sabes, y al que caíamos al día siguiente, la cabeza nos dolía y creíamos en cosas como el futuro benevolente, una manifestación sutil que invitaba a la esperanza, una cosa lo suficientemente bella como para creerlo.

Somos macizos  trozos de ayer, eso voy creyendo, ya que de ti no tengo más que una imagen desgastada y bella, aún, tus ojos con miedo, rabia, soledad, tristeza, furiosa alegría, torpe alegría, tus ojos y los caminos húmedos que se bifurcaban por tu rostro y es el camino que acaso ahora recorres, con una lentitud reivindicatoria, el cansancio que te moja el cuerpo, el trabajo, el horario delimitando tus huesos como si fueras un tiempo previsto y diseñado para el esfuerzo demoledor. Mis ojos lo mismo han querido perforar el cielo para que todo se desinfle como un globo de sueño, un cráneo dormido, pero no, mis ojos son estos, los que siguen estas mismas palabras (las que tú ves ahora, también) que no van sino a ese pasado al que no se puede llegar como no sea a través de un juego inútil de palabras que sin embargo son el único recurso al que puedo acudir. Esto de algún modo deber ser bueno.

Somos frágiles sobrevivientes de nuestra guerra interior (ornamentada de patetismo innecesario y necesariamente evitable) cansados  de perseverar en la debilidad como hábito, jugando primero a favor nuestro y luego, como el movimiento natural de quien se harta de servir al mismo bando, a favor del mundo, hediondo y maravilloso.

Habría que mandar algunas cosas al diablo, desmantelar algunas armaduras y quedarnos con lo que ya está aquí, a nuestros pies, y es la distancia inmedible la que se extiende como un par de alas destinadas a sobrevolar por la libertad, sea lo que significara ahora esa palabra en nuestras mentes.

Ayer es como un espejismo que se planta frente a mí cuando tengo frío. Ayer es tu cuerpo y el mío hechos rockstar’s en la maleza de las limitaciones de nuestros talentos y guitarras no eléctricas. Ayer es el canto provisional de nuestro futuro, o hablando soledosamente, del mío. Somos una generación partida por la mitad, estamos atados a nuestros propios cuerpos y esto puede ser perfectamente triste, pero soy cínico y estoy alegre.

Sólo no cambies (Sí, ya sé que es tarde para pedírtelo), para poder distinguirte entre la gente, una tarde cualquiera. Sólo no cambies te pido, yo ya cambié mucho, así que es imposible que me reconozcas entre la multitud que se aplasta tratando de imponer su cuerpo.

Quiero creer que esperar incrementa las posibilidades de que regresarás.

 

 

MIENTRAS ME CUENTAS LO BIEN QUE TE HA IDO, YO APUNTO AL SOL CON UNA PISTOLA QUE FORMO CON LOS DEDOS

 

La vida fue un desperdicio que nos dejó contentos

Hazme un espacio para ver juntos el horizonte que se guarda en nuestra mente

O inclina tu cuerpo al mío para confirmar que algún día sospecharon con irse.

Hemos leído nuestros poemas irradiando esa luz que se descompuso al contacto del sol

El sol fue cruel

pero eso no nos impidió ser felices y hacernos cosquillas y besarnos sólo para sentir cómo la vida se nos escapaba de nuestras manos.

Luego seremos nosotros los que exijan ser sepultados!

El trabajo ha dejado su olor nuestro cuerpo

Hablo de ti para no sentirme solo

Y porque además has ejercido la confianza que nunca tuve

No he trabajado con ánimo porque la muerte llamaba a mi puerta

nunca quise abrirle

pero un día le abrí

porque pensé que sería como el sexo brutal entre nosotros.

Hemos sido optimistas y tachado algunas palabras

Y nos hemos contado todo con una resignación respetable

Que no lo hemos hecho tan mal

hubiera sido peor no haber hecho nada

Quizá el sol es un globo que quema nuestras cabezas porque está triste.

Nunca tratamos de explicar ese rencor que le tuvimos:

Si no fuera por él

Estaríamos muriéndonos de frío

Somos unos desagradecidos que no tienen el mínimo reparo en usarlo en metáforas tontas.

Es como si te dijera

Cambia esa canción

Que me recuerda a esas cosas desagradables

Y luego nos pusiéramos a bailar por siempre.

Mi corazón

Es un montón de hormigas

Yendo a devorar el sol

que es la muerte.