Opiniones sobre Ciudad de Lima de Mirko Lauer

Al terminar de leer el libro, el lector se da cuenta del porqué de la fascinación que se tiene por este. Ciudad de Lima es el poemario más conocido y, apoyado por muchas críticas, el mejor de Mirko Lauer. Así pues, uno se da cuenta de la situación, este no es un libro en el que podamos ponernos en el contexto de alguna época, el poemario es completo, bien lo podemos leer de aquí a algunos años y disfrutarlo tal cual.

En un vistazo rápido, es un muestrario de Lima, retratada en lo que ahora es el reducido Centro histórico de Lima, con sus jirones virreinales, esa imagen barroca que la adorna y esa sensación que nos da al caminar dentro de ellas. Pero Lauer, obviamente, va mucho más allá, parte desde una vista fantástica y real cuestionando al yo y al lector.

Lauer reflacta Lima desde su posición, versando en cada poema una crítica hacia ciertos aspectos axiológicos y, en general, éticos desde el campo social. Nos podemos detener tan solo en el primer poema: ‘LEIT MOTIV: ¡OH GRAN CIUDAD DE LIMA!’ donde nos encontramos como una clara notoriedad religiosa (católica), la misma que nos denota ver la ciudad desde adentro.

Un apoyo bastante grande para que este libro sea uno de los más conocidos y mejores de lauer por la crítica, es que es correcto. Su técnica es conversacionalista, sin embargo, el conocido poema  ‘SEXTINA AYACUCHANA’ efectivamente usa la sextina pero dentro de la técnica conversacional que hace de este uno de sus mejores poemas dentro del libro.

En lo que quisiera hacer hincapié es en dos cosas, el primero es que no siendo uno de los libros experimentados de lauer es genial a una gran manera, lejos de que el libro tenga fotografías para dar una gran amplitud de lo que se refiere el poemario, este libro es genial por el buen uso de la influencia inglesa que es perfectamente asimilada. Y lo segundo es la idea de coger el legado histórico desde esa vista religiosa que nos sigue en cada poema.

Sin más que decir, este libro de 1968 que me fue muy difícil de conseguir valió mucho la pena, tenía ya varias expectativas de amigos que lo habían leído (mucho mayores que yo) y la sensación es muy grata al haberla podido conseguir y disfrutar tanto como ellos lo hicieron en algún momento, pues, como ya lo dije en el primer párrafo, Ciudad de Lima, es para leer incansablemente sin que importe mucho el paso del tiempo.

 

LEIT MOTIV: ¡OH GRAN CIUDAD DE LIMA!

Y todo tiene que ver con todo: el débil

Con su debilidad y el fuerte con su propia fuerza

Responderán y darán explicaciones.

Y ojos atormentados de los sedentarios,

ojos atormentados de los propietarios,

y un son de mimbral crepitando bajo nuestros hogares,

olor de carburo ardiendo en silencio bajo vuestros cuerpos.

¿Es éste es el año del Señor?

Una mujer flagelada por el diablo es vuestra patrona

buscando entre el huerto las más purulentas espinas:

los conquistadores una vez más llegando en sus barcos, hasta la

Plaza de Armas;

una víspera solemne, un justo castigo,

el mar avanza y los montes se retiran al paso de las aguas.

Es el Anno Domini de mil quinientos no sé cuántos:

Lluvia tardía de dioses y leyendas.

Pero seguramente ese no era el año del Señor 1968,

y veía cosas esa pobre masoquista

sumida en religión y oscuridad

y nuestra extraña nostalgia por el pasado,

nuestro desajuste de los sentimientos con la realidad

en esta ciudad que es un refugio de la nigromancia,

donde un débil murmullo comunica lo justo con lo injusto .

Pero mi cuidad prospera bajo el ala extendida de los gallinazos,

y todo tiene que ver con todo: el ciego

con la oscuridad y el tonto con la certeza,

y esta ciudad responderá seguramente por sus apocalípticas bestias:

del 1808 al 1824 Guerras de la Burguesía, 1825

reparto de la tierra con sus hombres y sus animales,

en el intermedio

-negra ciudad refugio del oscurantismo-

no hay año memorable

en que admirar las calles, buscar un reflejo de los tiempos.

Y sólo el olor enervante de las cerverías,

los pútridos aromas del incienso trepando hacia los altos ventanales

y un viejo demiurgo paciendo un rebaño de liendres en el Hotel Comercio:

Martín Adán.

Más la ciudad prefiere el dolor sumiso a la rebeldía,

antes que a un hombre vivo tomaremos a un muerto

y pasaremos en oro la exacta cifra matemática de sus genitales.

Entonces seguramente éste es el año del señor

Pero los sonidos de este tiempo son un rumor de tráfico

y nada exaltado,

nada movido por la experiencia anterior,

el sordo bullicio del ave de granito de los comerciantes,

los tratantes y conferenciantes.

Ellos guardan nuestra paz:

los débiles han cubierto una vez más la ciudad de vomitoriums,

los débiles y los fuertes han respetado una vez más

sus guaridas y sus palacetes,

y la ciudad se aburre.

¿Y para quien nace la luna como un espejo en que reconocerse?

¿Para quién hay mes a mes hermosas piernas desnudas sobre los calendarios?

¿Para quién se pintan escenas ficticias de felicidad entre los arrabales?

¡Ah ojos reptantes!

Los días se cuentan en el ábaco desaforado de los mercaderes,

y por dinero más de un rostro a enrojecido de vergüenza;

y hombres ancianos han dejado de ser sabios

por error en los negocios

o malas inversiones.

¿Y seguirá batiendo en la noche un tambor para los descampados?

¿Y seguirá oyéndose lejano un clamor de murmullos que son detenidos

por una cachetada?

¿Pero seguirán oyéndose ruidos menudos entre la distancia?

Cuídate de los rebeldes obstinados:

Allí están las verdaderas predicciones.

 

 

JORNADA ENTRE LOS MÁS SUCIOS ALGODONES DE LA CARIDAD

 

IV

 

¿Y yo?

¿No acudiré a mi bolsillo, no acudiré a mi corazón?

Si el diablo es de gamuza y tiene cuatro cuernos amarillos,

si el diablo es humano y conoce a ciencia cierta ese negro asunto

si el diablo comprende que hay sentimientos

que toman los cuatro corazones y los envuelven en años hasta deshacerlos,

que en algún momento nos hemos vendido por unas cuantas baratijas

mientras el oro alrededor nuestro fluía hacia el mar

como países enteros consumiéndose bajo la garúa,

que hemos abandonado nuestro hogar por unos cuantos pesos,

por un gesto amable,

por un sueño irrealizado que todavía nos persigue,

si el diablo nos salvará

de nuestros falsos arrepentimientos que hasta hoy se arrastran tras nuestro

como unas pesadas campanas de bronce para atormentarnos,

si comprende por qué allá en nuestro lugar de origen

nos conocen débiles y malignos,

pequeños y frágiles ante  nuestros semejantes,

voy por él,

tengo dos cuernos por mi madre y dos por mi mujer,

y digo a mi vez que nadie ha visto nada

si no ha visto al diablo tirando muchachos al agua en el muelle de Chorrillos,

si no ha visto unos cuervos brotando de la fuente inmaculada de la caridad,

y mujeres habidas por plata,

en el mal, en el maligno mal de la necesidad;

y muchachos habidos por hombres amigos de la sencilla noche,

en el mal, en el maligno mar de una distinta soledad;

y en general todos aquellos que se buscan por hambre del cuerpo y de las almas,

en el mal, cerca del mar

prefiero a aquellos que saben del mal por experiencia propia,

y aquellos que nunca han visto el inmaculado rostro de la caridad.

 

LOS ÁNGELES

 

¿Qué diablos hacen esos ángeles posados a medio camino

entre el cielo y la tierra?

Inmóviles sobre el cielo de Lima están posadas unas cuantas cornisas

de madera

lisa y perforada;

y camino del callao hay un mascarón de proa de cielo que no está con nosotros

sino in caleum

con un excesivo tono angelical

en la esquina de Camaná con Quilca hay un gastado querubín de yeso

tercamente prendido del aire con sus larguísimas uñas:

aurum et argentum ¿Cómo nos miran?

¿Qué piensan de nuestros problemas y nuestras dolencias?

Ellos nunca se mueven,

nunca descienden del mundo exterior o de sus provincias,

y sin embargo en la terca oscuridad de sus recintos,

ellos tienen una palabra para todo,

con su presencia en el aire como una inalcanzable punto de referencia.

Los ángeles

son todos de yeso —hay que decirlo— todos de madera

bien pulida y charolada totalmente distinta a nuestros propios huesos,

y este tiene una trompeta y éste otro una espada,

pero ninguno un corazón de carne o un trabajo de seis días por semana.

Y sin embargo sus clarines día y noche suenan

Suspendidos en el aire de nuestros pensamientos,

y siempre con la espada pronta en el aire

juzgando el sentido de la acción humana. En esta misma ciudad

hay una cúpula llena de ángeles conversando de cosas de otro siglo,

todos dorados y duros, hechos de la madera de otros años,

ángeles de piedra totalmente impasibles,

sanos y asexuados entrando y saliendo por la puerta de entre sus dos mundos.

Ríen platican y se muestran sus pequeños senos

ex comodo, in spititualibus

son catedrales de luz autosuficiente precariamente posadas

sobre una tierra que no les pertenece.

 

 

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Mirko Lauer es Doctor y Magíster en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, tiene una larga trayectoria en la docencia. Ha escrito los poemarios, En los cínicos brazos (1966), Ciudad de Lima (1968), Santa Rosita y el péndulo proliferante (1972), Common Grave (1973), Bajo continuo (1974), Sobre vivir (antología de poemas, 1984) y Tropical cantante (2000); de las novelas, Los asesinos de la última hora (1978), Pólvora para gallinazos (con el seudónimo C.C. García, 1985) y Secretos inútiles. Actualmente es co-director de la revista cultural Hueso humero, y desde 1982 es miembro del comité directivo, así como columnista del diario La República de Lima.