TOP: Mejores Poemarios del 2016

 

Mientras solo cierto sector de los lectores y críticos aprecian una mejoría en las publicaciones de poesía peruana y otro se acerca desconfiada a la actividad de los novísimos, 2016 fue un año que nos deja varios títulos memorables para esta generación, y una especial consolidación para uno de los autores más importantes de las últimas décadas.

La explosión de autores jóvenes parece haberse detenido a la par que la burbuja de poetas de internet reventara a mediados de este año. La mayoría de los autores de tumblr tropezaron al saltar al primer libro. Convulso, movido año electoral, regresos de autores maduros. Varias decepciones también. Lamentablemente la poesía peruana más interesante no ocupa aun el lugar que la sobreestimada narrativa peruana de la autoficción ha obtenido el último par de años. Gracias claro, a evadir los trucos editoriales de esos autores. Los asaltos al canon poco definido se dan por tanteo.

Pero, fuera de la aceptación y las ventas, es mezquino coincidir en las opiniones sobre el pobre nivel de la poesía nacional. Más bien, el lugar de los novísimos es aparentemente difícil de apreciar debido a los procesos técnicos en contra del poema desde los cuales están escribiendo.

Esta lista ha sido elaborada con las votaciones de los integrantes de este colectivo-revista. Como todos los tops, es muy discutible. Una sola nota: No se incluyen en esta lista antologías o reediciones. Aquí vamos.

 

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9. Insomnio Vocal– Ethel Barja 

   (Alastor Editores)

El segundo libro de Ethel Barja llega tres años luego de su debut Gravitaciones. Junto a un par de autores “raros” o de “giros lingüísticos” (?) que aparecieron en esos años como Santiago Vera o Carlos Quenaya, Gravitaciones fue recibido con indiferencia o una especie de sorpresa que acabó por sobrestimar varias de estas propuestas ( destapando la pregunta que conduce a los puristas, es esto poesía?)

Insomnio Vocal es un libro arriesgado debido a su tránsito lento que avanza redondeando las reflexiones y símbolos que va mostrando. Para una época en la cual esperamos que todo suceda con inmediatez y eficencia, Barja apunta desde el otro lado, contrariando al lector. Podríamos afirmar que es un libro difícil, más no por eso menos valioso que su antecesor o aquellos que conforman esta lista.

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8- Pintura Roja– Willy Gomez

( Paracaídas)

Es agradable que la poesía peruana no se haya visto poblada innecesariamente por “autores de la memoria” que ubicaran sus libros dentro de la problemática de la guerra interna y sus estragos décadas luego, como una estrategia de canonización. Y aquellos que se aventuraron por tomar esos temas para su poética lo hicieran reventando las normas de corrección política que se asumieron como vigentes para una generación entera de narradores peruanos.

Willy Gomez tiene una poética entera sobre los estragos de una guerra interna, la desigualdad y los problemas sociales del Perú como sociedad, sin caer en el lugar común. Pintura Roja, sin ser la entrega más interesante de Gomez, es un libro importante. Una confirmación de lugar. Un nuevo pasadizo en las  “galerías del terror”, el museo-película de 4 horas del Dolor y la Vergüenza que por más tediosa que pueda haberse convertido, volvemos a verla porque algo dice sobre nuestra historia peruana reciente. Willy Gomez ejemplifica que un tema nunca se puede dar por acabado, solo las formas en que se entran a él.

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7- – Bruno Pollack

(Vallejo & Company)

El problema con gran parte de los poetas de los años 2000s es que tuvieron un demasiado lento aprendizaje. Luego de libros formalmente correctos como Poemas Médicos, era difícil preveer que la poética de Pollack se recompondría en un lugar menos acartonado luego. Claro, si bien los libros eran poco interesantes, habían algunos poemas brillantes que eran muestra de un gran talento.

Podríamos tomar a Fé como el verdadero primer poemario de Pollack, luego de una etapa de aprendizaje. Formalmente el poemario es sumamente regular, sus estructuras han sido escritas con inteligencia y es bastante entretenido de leer. Pollack viste sus influencias sin vergüenza, experimentando poco sobre la base de influencias de la poesía conversacional de los años sesentas sobre la cual trabaja, sin ser esto un desmérito en absoluto.

Fé además es un poemario enternecedoramente esperanzador, no desde un lugar perfecto sino desde la pequeña lucha del hombre común. Es por eso que no sería exagerado decir que Fé es un poemario de aprendizaje. Es la muestra de una educación sentimental, el símil de las bildungsromanne en las cuales el héroe vuelve de la aventura con un fuego nuevo más con un rostro diferente (y más viejo)

Especial atención al poema 8. De este libro.

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6- El Portapliegos– Rafael Espinoza

(Librería Inestable)

Toda la trayectoria de Rafael Espinoza es la de una auténtica rara avis para la poesía peruana de los noventas en adelante. Y el peso innecesario que ha caído sobre su “raro” manejo del lenguaje es la de un injustificable segundo plano. Cada rótulo asignado a su obra ha sido hasta ahora innecesario para abarcar cada uno de sus libros.

De hecho, la crítica de la última década ocasionalmente ha establecido algunos de sus libros como puntos altos en la producción poética de la década. Desde Geometría a mediados de los noventas y El anticiclón del pacífico sur, la poesía de Espinoza ha ido decantándose más de sus inicios culteranos y asimilando varias de las líneas de experimentación de la poesía hispanoamericana actual.

El portapliegos es un álbum de fotografía, una exposición de estampas post- costumbristas. Reacio al lenguaje directo, en El Portapliegos Rafael Espinoza tuerce la fórmula de los realistas rusos al describir la vida en los campos como algo “cercano” a los lectores citadinos. Espinoza distancia y convierte en paisajes lejanos (y muy poco familiares) situaciones aparentemente diarias. Desde ese lugar de extrañeza establece su crítica hacia la vida en un país neoliberal en el siglo xxi, en forma de un desafío óptico del lector a su realidad más inmediata.

 

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5- Capital/ Contracapital– Luis Enrique Mendoza (Lustra)

En el centro del camino entre la experimentación y la tradición, Capital/ Contracapital es probablemente el poemario más redondo de este año. Por un lado Mendoza se abastece de la tradición conversacionalista local (Con remembranzas a Praxis, asalto y destrucción del Infierno de Enrique Verástegui, mas evitando el modo panfletario) y de poéticas de la vanguardia de principios de siglo como la de Ezra Pound, sin olvidar el especial interés visual que nos recuerda, nuevamente, a Verástegui; pero también a Mallarmé.

Siempre resulta ocioso abordar un autor nuevo simplemente estableciendo genealogías para agruparlo a uno u otro sector. Ese no es el motivo de los autores arriba mencionados, sino el de hacer evidente el proceso técnico para la realización de este libro. Al igual que los autores de los años 2000s como Fernandez o Pollack; para Mendoza la tradición no significa una trampa sino una herramienta. No hay un propósito de asesinato injustificado, sino la intención de moldearla a gusto de sus necesidades expresivas.

Capital/ Contracapital es además una inteligente crítica al modelo económico desde aristas mucho más neutras que las del típico poeta-rebelde. Mendoza hace notorio, una vez más, que la revolución no está en la revuelta por la revuelta sino en una fina inteligencia.

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4- Simio Meditando (Ante una lata oxidada de aceite de oliva)- Mario Montalbetti

(Mangos de Hacha. México)

La expresa tensión de lo irrelevante y como aquello nos alcanza a cada uno de los pequeños ciudadanos de una sociedad altamente competitiva y enrarecida, conforma parte de los puntos más interesantes de las partes inéditas de Simio Meditando.

Simio Meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva) contiene uno de los libros cuya aparición ya habíamos celebrado en 2015, nos referimos a Vietnam, una de las mejores entregas del año pasado que en este libro constituye una sección.

En el aspecto formal, Montalbetti se asienta en un lugar seguro (para él) Puede que desde Ocho Cuartetas en contra del Caballo de Paso Peruano (2005) la poesía de Montalbetti no haya corrido mayores riesgos formales u haya asimilado herramientas que no hubiese tomado antes. La amalgama de los poetas del lenguaje norteamericanos, las lecciones de Spicer por ejemplo, son evidentemente la marca poética de Montalbetti.

La estabilidad podría ser una trampa para cualquier autor pero Montalbetti de alguna forma se las arregla para salir de allí con frescura.  Dicha “estabilidad” además, es solo aparente, puesto que el poeta se haya en perpetua lucha contra el lenguaje. El creciente interés político del autor es más apreciable en cada una de sus nuevas entregas.

 

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3- Norcorea– Kevin Castro

(Neutrinos. Argentina)

 

Una película hollywoodense. La mejor película Hollywoodense en mucho tiempo. Ante Norcorea, al igual que ante Pulp Fiction, uno no puede estar al cien seguro si las referencias incas o bíblicas adelante y las líneas de tal libro x están allí para decirnos algo sumamente importante o solamente a servicio de la brillante técnica que ha logrado establecer Castro en los últimos años.

Pese a todo, Norcorea es un hito para el devenir de la poesía peruana de las últimas décadas. Mucho más elaborada que su antecesor Los Tiempos Jurásicos, Castro hace un libro cuyo trayecto es regular pero sin que esto no deseche los hermosos momentos “fallidos” como lo son el largo poema cinematográfico en prosa (un guiño a la poética de Kate Durbin?) o los aparentemente monódicos poemas “alt lit” a la mitad y al final del libro.

La pregunta capital alrededor de este libro no vendría a ser una sobre su aspecto formal, sino sobre si Norcorea efectivamente calibra su implícita rebeldía. El problema es que la respuesta sería sumamente ambigua. Lo interesante es que este tipo de libros reaperturan la conversación sobre lo político en la poesía, sus alcances y trampas.

Finalmente, la mayor razón por la cual Norcorea escale hasta esta posición es su alternativo posicionamiento frente al lenguaje. Alternativo en el contrasentido de la estética de la poesía peruana reciente. Castro, al igual que autores latinoamericanos como Padilla o Luis Eduardo García (o de esta misma lista, Rafael Espinoza) hallan poéticas en el lugar en el que el lenguaje no termina de asentarse, cada uno a su manera, en contra de lo literario.

Luego de todo lo escrito este año por unos y otros sobre este libro, Norcorea, y todo lo que significa su publicación, lo convierten en buena medida en un libro polémico.

 

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2- Torschlusspanik– Rosa Granda

(Perro de Ambiente)

I´m a paranoid but not an Android “samplea” Granda en uno de los poemas finales de Torschlusspanik. La referencia es de lo menos gratuita, Torschlusspanik es un libro similar al OK Computer de Radiohead o a las claustrofóbicas epopeyas industriales de los Nine Inch Nails, en fondo y forma.

Torschlusspanik golpea los límites de lo que debe ser poesía en el Perú en el año 2016 de forma interesantísima. Su fraseo metálico, sus textos en prosa, pseudoensayos en miniatura que parecerían a un lector todo menos “poesía”. Para una sociedad de lectores conservadores, este mérito es altísimo. Granda de algún modo nos dice que la poesía no es ritmo (o no está condenado a él, y además, a qué ritmo?) y establece sus fuerzas de expresión en las ideas que hilan cada poema y se entrelazan para armar el todo conceptual del libro. Por momentos el libro pareciera convertirse en un manual de algo muy poco definido, recordando algunos de los poemas- ensayo de María Miranda.

Torschlusspanik es una afrenta a la estática, a la pared blanca del posmodernismo. Una de las ideas que más aterroriza al personaje del libro desde el primer poema es la imposibilidad de crear algo que pueda superar la prueba de la trascendencia, condenadas las posibilidades solamente a la vacuidad y a lo efímero.

El primer poemario de Rosa Granda es un debut bastante auspicioso para una de las autoras más interesantes de esta generación y afortunadamente alejado de los cánones de lo que debe ser un poema.

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1- Procesos Autónomos– Manuel Fernández

(Estruendomudo)

¿ Hubo un libro en el 2016 que mejor captó la situación política nacional como lo hizo Procesos Autónomos, el de una sociedad polarizada, secularizada en burbujas de opinión y marchas en pro y en contra de diversos estándares morales, pseudoideológicos pero más que nunca, de prejuicios e injustificada vehemencia?

En 2016 presenciamos la falaz reconstrucción de una izquierda que retomó su tradición de la descomposición habiendo ya ganado una modesta bancada en el congreso. Antes que los líderes de estos pequeños grupos se lanzaran los unos a los otros desde peldaños de integridad moral debidamente calibrados para sus respectivas acusaciones; Fernández ya había escrito la autopsia definitiva para esa izquierda nacional. Para Fernández la derrota de la izquierda sucedió cronológicamente hace ya varias décadas, y tiene mucho que ver con una dicotomía que sienta las bases técnicas del libro: Academia-Sociedad.

Fernández no se vale de la voz de un cronista para describir los destinos de la realidad sobre la cual va a hablar (y a la cual pertenece) sino se convierte en un sampler- historiográfico que rebalsa los límites de lo poético para construir un artefacto de retazos que evidencie su tesis acerca de la realidad peruana. Para fortuna de Fernández y los lectores, estas experimentaciones funcionan, y lo hacen bastante bien. Con este libro Fernández sitúa al poeta en el lugar en que el intelectual solía ponerse medio siglo antes, el del comprometido social desde la literatura, no sin antes despachar los efímeros gestos de los poetactivistas en un provocativo listado de conclusiones al final del libro.

Inesperadamente avant-garde, el planteo técnico, radicalización de los gestos más arriesgados de sus anteriores libros, ponen a Procesos Autónomos como un poemario que debe ser leído indiscutiblemente no solo por ser un libro importante sino, mejor aún, por ser un libro que puede legar mucho. Creo que eso es lo que mejor podría decirse de un poemario de un poeta maduro desde la perspectiva de un poeta joven. Luego de la lectura de Procesos Autónomos, uno está seguro que queda mucho que escribir.