Poemas de J. Estiven Medina Ortiz

Estoy enojado con la muerte

Estiven Medina es un apurimeño que en sus otras vidas sólo ha sido una piedra, una guitarra de peluche, un blog sin hosting, un títere que ha viajado por el mundo, una paloma que juega playstation y un dios al que nadie ha venerado. Aunque aún no ha publicado un libro, estamos seguros de que pronto abrirá una pequeña brecha de luz en esta selva de escritores que crecen como el plancton y la ortiga.

Algunos de estos textos pertenecen a su libro inédito Hablemos de mí, mientras las hormigas devoran el sol.

 

ES DE MALA SUERTE ESCUPIRME EN LA CARA MIENTRAS YO TE CANTO ESTA CANCIÓN

De mi guitarra eres la cuerda desafinada
Eres la lucecita roja del televisor apagado mientras intento dormir
Serás la danza moderna que dejaré de bailar cuando mis huesos sean tu vejez y mi piel esa noche en la que surca una estrella incapaz de asomarse a la realización de un deseo
Eres la lucecita roja del corazón brillando a través de la piel de un domingo/
De mi guitarra eres el pulmón oscuro que absorbe las flores nacidas de mis labios
El grito adolescente que raja el vidrio de la ventana de tu casa es también ese día que estrujamos y lanzamos al abismo de nuestro canto/
¿Cuántas habitaciones me esperarán con tu vientre abierto?/
Danza y agítate como una mariposa a quién el maquillaje se le corre como un río triste azotando las promesas/ agrietando el viento/ perdiendo el detalle de su orilla/
Es de mala suerte recordarte escupiéndome el rostro porque en seguida me aborda el llanto/
Es de mala suerte cantar pensando en ti porque de golpe la posibilidad de verte cruzando el parque crece/
Danza y agítate desesperada tras mis huesos mientras mi cuerpo gime en otro lado
Gris el cielo en la palma de tu mano/ gris corriendo bajo el cristal de tus ojos/ gris tu cuerpo que revienta en mis poros/
Desde tu pequeña memoria llueven fotogramas/ mientras desayuno feliz tarareando lo que tú y yo bien sabemos no es una buena melodía
Me has dado el súper poder de llorarte y sacar en limpio algunos poemas y te he dado el espacio en algunos de sus rincones para latir con un corazón desesperado.

Dos Poemas del Señor Cadáver

I

Decir yo lloro es quebrarse frente a una comunidad expectante. Decir yo me quiebro es confirmar la fragilidad de la que se está hecho. Decir soy frágil es estar consciente de que la muerte es una posibilidad latente, aunque la muerte siempre es eso. Decir soy consciente de mi fragilidad es admitir valientemente que se es cobarde. Decir soy cobarde despierta la sospecha de que se está enfermo. Decir estoy enfermo, no es más que confirmase vivo. Decir estoy vivo es casi lo mismo que decir estoy muerto, Sólo que en el primer caso el tiempo es como un gusano hambriento que ronda el cuerpo y en el segundo el gusano mira enternecido y saciado.

II

Una herida, una sonrisa de chorreados bordes rojos, una sonrisa de ironía, de problema, de verse atrapado indefenso en la sombra del llanto. Una herida color llanto, qué trazo ordinario se hiende en mi cuerpo, como venido de un largo viaje.
Una herida, qué mal te hace. Y perdona por mirarla con desconfianza y pena, me duele tanto como a ti, ya no quiero apretar los párpados conteniendo el derramamiento, ni ascender como burbuja y expandirme en el preciso momento en que comprendo que desaparezco. Soñar es una manía sobrevalorada.
Prefiero la inmovilidad, la inmunidad del que se trepa en lo alto del vacío cuando la inundación es inminente, también prefiero la inmunidad al tiempo, detesto la reiterativa confirmación de estar vivo.
Tiempo dócil, desmedido y violento, tiempo de bolsillo, de caramelo partido en pedazos para endulzar la boca y disimular el tufo de la desesperación.
Prefiero la inmaterialidad, la mala memoria, el oportunísimo desvío de la realidad, el estar echado pensando en el dolor de cabeza. Prefiero la mosca atrapada en mi mirada, atadas sus alas a mi mediocre vuelo a ras del suelo.
Prefiero sacudir mi perforado cerebro, atiborrado de esos gusanos que sobreviven con aire maligno, que no se esconden por tenerme pena. Preferiría ser un insecto imperceptible a tener que odiar a dios. Inventar un dios para odiarlo.
Creo que partirán sin mí.
Porque no están para recoger cadáveres (o heridas colmadas o heridas colmenas). Sólo heridas, sólo espasmo.
Y avanzar.

BIOGRAFÍA DEL SEÑOR PIEDRA

Quiero cantar y ser tan dulce como un árbol,
Destruirlo todo y recibir el aplauso complacido de los que me rodean
De los que me atan a sus labios y a sus despeinados estilos.
Quiero ser un trozo de hueso de aquél
Que me lee mientras prepara su revolver en busca de mi yo parecido al suyo/ sólo con un poco de lágrima surcando la piel/ sólo con un poco de (des)control o eso que a veces es llamado (in)decencia.
He preparado el concierto de mi vida con los maullidos de un gato / de un señor gato muy respetable.
Tu guitarra es un río de viento que se atasca en mi tórax
Tus manos han bailado el suicidio de las hojas (ser tan dulce como un árbol)
Han redactado mi biografía a falta de otra vida/ han re-inventado una vida porque es lo que se hace con una muerte que besa el atardecer y rinde tributo al tiempo sin conocerlo.
He preparado el concierto de mi vida y me he muerto en los ensayos (me he muerto de a poco, de a poquito)
He asistido a la prueba de sonido a representar la performance del reloj ahogado en su certeza/ del atardecer que es ya tarde para ser/ del sol que se hace piedra y cae// del canto herido del navío bosque polvo/ he venido a no morir mientras canto
la muerte no existe oh sí/ no existe/ oh la muerte es estar un poco loco nada más y la locura es una galaxia alojada en alguna parte del cerebro/ oh la muerte sólo es un espejo con la que nos ayudamos a cartografiar la piel mental/ oh la muerte es amarte baby es amarte mientras el guitarrista me atraviesa la guitarra/ porque todo lo que has dicho sobre la muerte nadie te lo cree sólo yo/ y yo he apagado el incendio de mi cuerpo apagando mi cuerpo.
Oh dulce
Oh árbol
Oh ser
Pínchame la piel con tu deseo/ escríbeme “todo está bien” aunque todo esté terriblemente mal/y dime no te he mentido/ eres dueño del hielo en el refrigerador con la que apaciguas tus miedos de piel púrpura/
Necesito que todo lo que me hayas dicho sobre la muerte
Sea verdad
De otro modo me niego a morir.
Oh baby
Te amo de verdad/ temo de verdad la muerte/
Déjame ser una herida tuya/
Un gusano que perfora tu soledad/
Tu pequeño infierno en una caja de zapatos/
Tu tímido ser que finge ser un sol narcisista asesinando el paisaje/ un sol que es una burbuja que ha ascendido con suerte por tu cuidados/
He preparado el concierto de mi vida con los maullidos de un gato/Pero ese gato se ha hecho árbol

Una vez quise escribir algo sobre un perro que vi morir atropellado

Pero no me salió nada/ me pesó un poco no poder hacerlo/ o no haberlo intentado siquiera/ fue como una promesa que había roto/ Boby, vengaré tu muerte/ claro, era muy posible que no se llamara Boby y aún menos probable que yo fuera capaz de vengar una muerte/ así que traté de resolver el asunto escribiendo, como hacen los cobardes o los valientes (según sea el caso).
El relato situaba a Boby en su funeral.
El cadáver de Boby crecía descomunalmente y ni los vigilantes del cementerio ni los dolientes habrían previsto tal acontecimiento/ Total, Boby siguió creciendo/ como si fuera a reventar y los (as) viejos (as) de mierda olvidaron el luto y el sentido de decencia que toda muerte induce y echaron unos gritos espantosos.
Dejé a Boby creciendo más y más hasta un imposible infinito y me limpiaba el sudor de la frente realmente emocionado.
Al diablo la otra realidad en donde no puedo cambiar nada con la velocidad de mis dedos (de mis sueños)/ al diablo ese mundo que hace que me sonroje hasta los huesos cuando profiero una grosería.
He llegado aquí por pura asociación libre.
Cómo me gustaría llegar a algún lado así. Tomar un auto sin preocuparme adónde va. Sólo que no vaya a atropellar a un perro que a lo mejor se llama Boby. Hay que ver.
Lo esencial es ser incomprendido o lo esencial es ser comprendido desde la locura o lo esencial es estar loco o la locura es esencial, sólo Boby lo supo. Que en paz descanse.

He escrito un poema muy triste

Porque estaba solo & prendí la Tv sólo por apagar el silencio
Opté por susurrar canciones mientras pasaban tontos comerciales.
No pude dejar de sentir un poco de culpa
Al pensar que el grito y el desenfado sólo eran expresados en ese gemido encorvado/ lo demás era apatía y espera.
Y volvían a poner el programa que poco me interesaba
Y me enfundaba entre las frazadas en la cama
Pensaba en estrellas que podrían caer súbitamente aquí
Y ensuciarme el desorden/ Me levanté/ cogí un libro al azar y no lo leí/
Sólo lo tuve como una piedra lista a ser lanzada/ a violentar el aire o el vuelo de las moscas/y resumir la frustración que vagaba como viento cansado.
Y escribí el poema triste/muy triste.
Busqué el celular y pensé en llamar a alguien
Pero no tenía palabras para nadie/ o a lo mejor las tenía pero todas sumidas en un mutismo que hacía de sus formas torpes ilusiones/huesitos rotos, pensé.
Deslicé el dedo por los botones/ fui leyendo uno a uno los nombres y emparentándolos con difusos recuerdos colgados en la memoria
Así, poco a poco, fui entendiendo que ninguna llamada sería posible/
Que era la última tarde de este rincón somnoliento/
El poema terminó estrujado debajo de mi cama
Seguro ha de ser muy muy triste porque no me atrevo a leerlo,
Porque si lo leyera, lloraría
Y no de tristeza.

MUERTE DE J (ESTOY MUERTO/ ESTOY MUERTO)

Oh dulce amarillo cielo tierra hueso derrotero
Tibio aliento frágil que te abriga
Oh alivio/ oh miradas
Despedida abrazo fuego lento llanto enciende/
No me esperes no me esperes
He andado el camino de tu lengua
Tu garganta es mi hogar/
Sube la voz la montaña del sonido
Y le pinta burbujas al vacío
He querido retenerte
Con qué cuerpo/ con qué cuerpo
Si he venido solo sólo ebrio y aterido si he descendido ha sido por conocer la niebla de tu aliento
El mundo me ha abrazado y yo he abrazado al mundo y el final nos abrazó a ambos
Mi corazón mi cerebro mi ojo y mi otro ojo
Mis alas mi pulsión contrita tendida al cielo
La fragancia del universo en un bolsillo corriendo tras de sí
Llorando el viaje del adiós
Sangrando el volcán de tus ojos
He querido quedarme en este lado
Pero he muerto
.                      Estoy muerto
.                                            Estoy muerto
.                                                                 Estoy muerto
.                                 Estoy muerto
Estoy muerto
.                                  Estoy muerto
.                                                                   Estoy muerto
.                                 Estoy muerto
Estoy muerto
.                                Estoy muerto/
Oh árboles en tu espalda que se mecen con el viento escupido por el señor relojero atrapa tiempos
Hormiga muerte negra regañando su blanco vivo corazón humeante
El calor te piensa
Se enamora lentamente de tus huesos poemas
No corras como el que tiene miedo
Canta como el que teme
La danza rota del misterio
La oscuridad guardada en el cabello de las nubes/
Mira el horizonte podrido en las tetillas de la soledad
Tu hogar es este minuto que se nubla
Con su sombrerito y sus mocos saliéndole de la nariz
Con su frío de hielo hueco
Con su antigua guitarra de flama
Estoy muerto
.                     Estoy muerto
.                                          Estoy muerto
.                                                                Estoy muerto
.                              Estoy muerto
Estoy muerto
.                             Estoy muerto
.                                                                 Estoy muerto
Y las hilachas de mi polvo han cruzado el azul de nuestros recuerdos montando la bicicleta del libro roto que escribimos mientras todo era el principio de nuestros movimientos.
Las hormigas han devorado el sol
O el sol ha caído en los estómagos de las hormigas/
He tocado la guitarra porque no he sabido escribirte la carta explicándote mi vida como un trazo de la vida.
Estoy muerto
.                     Estoy muerto
.                                          Estoy muerto
.                                                                Estoy muerto
.                              Estoy muerto
Estoy muerto
.                             Estoy muerto
.                                                                 Estoy muerto

J. Estiven Medina Ortiz (Chincheros, Apurimac. 1995) Sigue vivo.