Luis Eduardo García

Luis Eduardo García

Estuve viendo una película pornogore y pensé en tus medias rosadas, era de noche y la sopa no estaba lista 🙁

Luis Eduardo García, mexicano, escribe como si escribir fuera lo último que ha podido hacer en diez mil años. Es el hijo imposible de Mario Montalbetti y Thomas Pynchon, si es que durante la gestación hubiesen escuchado canciones de The Drums vs. MGMT. Descubrió la mafia de la alt lit y denunció a Tao Lin públicamente en una sesión de la WWE.

I

Los tres cerditos vivían en el bosque.
A los dos más jóvenes les gustaba bailar
y coger con zarigüeyas ebrias.
Al mayor no.
Él se masturbaba por las noches en su casa de ladrillos.

 

II

Todos construyeron casas de distintos materiales:
el mediano la hizo de madera.
El más chico utilizó paja y listones.

Luego de unas horas
ambos fumaban piedra a la orilla del río.

III

El lobo volvía de un largo viaje.
El bosque lo esperaba.
Con un trozo de metal afiló sus colmillos
e intentó recordar el sabor
de la última vulva que pudo tocar con la lengua.
Pensó en frambuesas
y en sangre de cerdo.
En el olor de algunas flores.
En el cielo apenas gris.

 

IV

El mayor eligió cemento y ladrillos.
Tardó tres meses en terminar su trabajo.
En ese lapso sus hermanos
lamieron doscientos cincuenta y seis pezones de distintos colores
incendiaron una madriguera
de conejos
brillantes
bailaron en éxtasis
todas las noches.

V

El cerdito era muy gordo
para ser tan joven.
No dejaría ni las vísceras.

La casa era frágil.
Pensó en esperar la noche
y matarlo dormido

pero nada más bello
que el dulzor de la carne horrorizada.

Le haría saber que estaba afuera
y en dos soplidos la comida estaría lista.

 

VI

Por las mañanas la fábrica.
Revisar una prótesis tras otra
durante ocho horas
(treinta minutos
para comer manzanas)

luego el autobús.

De vuelta a casa
una ducha
y al fin ver la televisión:

cerdos musculosos
salvando el mundo.

Lobos vencidos y escalpados.

VII

Excitado
lo dejó correr hasta un camino estrecho.
Había una casa de madera.
Pudo ver al otro cerdo, aún más gordo
abrir la puerta.

Rociado con felicidad supo
que dios es un lobo amoroso.

 

VIII

Jamás serían como su hermano; un cerdo limpio y triste.
Un cerdo destruido.
¿Qué es la vida
sin fango y huesos rotos

sin lindas secreciones?

Un pulpo en la garganta.

Una máquina que drena
lo celeste.

IX

Fue divertido romper la casa.
Rasgar a los cerditos suplicantes.
Lamer sus entrepiernas.

Permitió que “escaparan”.
Entraron a una casa de ladrillos.

Con los corazones y testículos
haría una sopa para aumentar su potencia.
Con las orejas un collar
para obsequiárselo a su madre.

 

X-a

El lobo golpeó los muros y la puerta.
Rompió las ventanas
enloquecido
y hambriento
pero no pudo entrar.

Habían ganado.
Negar la belleza había rendido sus frutos.

Un futuro iluminado con neón
acarició las mejillas de todos.

 

X-b

No puede terminar asíLo sabemos.
Hay pocas opciones posibles.

  • Alguien desata el moño de una cajita de piel rosa.
  • El lobo prende fuego a la casa y se divierte buscando rostros en el humo.
  • Tres corazones estallan como pequeñas plantas nucleares.

Elija el final más feliz.

 

De Una máquina que drena lo celeste (Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2014)

 

Luis Eduardo García

Luis Eduardo García (Guadalajara, 1984) es autor de los libros La música alejándose (ICA, 2009),  Pájaros Lanzallamas (Tierra Adentro, 2011), Dos estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz (Tierra Adentro, 2012), Instrucciones para destruir mantarrayas (Filodecaballos, 2013) y Una máquina que drena lo celeste (Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2014). También liberó el poemario-parodia Mis Poemas Alt Lit en internet

Mantiene el blog Pajaros en las llamas  y dirige el proyecto de modificación y actualización de textos poéticos Poemas Tuneados.