Estefanía Yetzel

Todo se derrumbó dentro de mi, no encuentro mis manos

Estefanía Yetzel es el Cruz Azul campeonando luego de 50 años ganándole en la final al equipo del gato en el polo (alias UNAM) mientras alguien recita “Talmud Shud” desde la tribuna oeste del estadio Azteca, Robben se tira al piso y una guitarra sin guitarrista toca los primeros  acordes de “No era Penal” (El corrido de Robben). Estefanía Yetzel come pedazos de ejemplares antiguos del Rubaynayat y ha confesado en el Washington Post que su estilo son los huaraches.

 

 (De la Séptima Infancia)

 I

El ladrón de mantequilla

Tengo una fotografía guardada en un cajón
que me recuerda que pude ser niña,
que hubo una temporada en donde no gustaba de ojos salados
y que mutaba de sonrisas como un camaleón.

 

Niño, los barcos que salen a flote son de metal y el nuestro, de papel, apenas soporta lloviznas.

Habría que deshojar árboles,

vivir en el espacio geográfico de una oruga

y observar una simpleza infantil para aprender a navegar.

-¡Ladrón de mantequilla! ¡Persigan, atrapen a ese niño!

-¿Por qué tomaste la mantequilla?

-Para hacer un barco.

-¡Tonto!, ¿qué no sabes que los barcos son de metal, no de mantequilla?

-Más tonto usted- dijo el Dios, y dejó derretir la mantequilla, recubrió su barco de papel y heredó a los ángeles su ingenuidad.

De pronto, un barco cubierto de oro cruzaba la mar…

Niña, habría que poseer el hambre necesaria y el frío exacto para saber que la mantequilla es oro.

 

VII

Carta a Walt Whitman
07 de mayo de 2014  7:15 pm

Walt, cuando te leo una lluvia cubre mi rostro y me gustaría utilizar botas y huaraches como tú lo hacías sin pensar tanto en razones.

En la orilla de tu oreja te colgaste una flor color buganvilia acampanada.

Y ser mariposa para posarse en los pies de Jesucristo y libar algunos labios y algunos no, volar sobre la tierra verde- café- azulada, sobre frutos rojizos, y ser de alas blancas siempre, para que los humanos piensen que es señal de abundancia mi presencia.

Y siempre hacerlo con la misma inocencia, una y otra y otra vez.

 

Niña de leche

No he llamado al abuelo,

ni siquiera para decirle:

Que la  ciudad está más poblada  que un hormiguero.

Que mis entrañas se están agusanando,

y los cerezos esperan a que florezca,

pero las raíces,

encariñadas cada vez más con los chapulines verde-limón no chupan agua.

No he llamado al abuelo,

ni siquiera para decirle que ya estoy cansada a mis 21 años.

 

El Perú

Para Fernando Ciego
Camila- Coral,
Kreit Vargas
y Robert Valdivia
por los abrazos que nos debemos

 La niña busca el pezón blando, la dulce bebida, da ternura la brevedad con la que creció, descubre el mundo; caracoles escondidos  en su espiral de perla.

En México invade el mismo verde, no es Machu Picchu ni el caracol, es tal vez, el cuerpo, el cansancio, la mujer con su espejito maquillándose los párpados, el ruido de los rieles y el vagón del metro desatando las guerras troyanas, los labios resecos, las pestañas pluma de ganso, la mejilla de durazno, es la desesperación por tener reservas, la saliva suficiente para tragar, tragar leche, tragar cerveza, tragar tripas, tragar piña y escaldarse el cuerpo, la presencia, la vida y la espera.

-Al final encontrarás la piedra que encaja con tu vacío-

La nostalgia de ser objeto transitará.

Es la era del intercambio,

del dame y yo te doy,

aquí y en Guatemala se siente el mismo frío,

los abrazos de los padres no protegen.

La niña busca el pezón.

De su boca brotan cangrejos, se dirigen a la orilla de su silueta y ahí, en sus pies, buscan lo que aquí y en Chile desapareció, lo quieren, lo desean, lo buscan y lo anhelan.

-El hábito se vuelve piel

Y el mar ya no da miedo, se domina, se cabalga, aunque las olas  golpeen mi vientre no hay a que temer,  vendrá un robot o un delfín que nos salve, aquí y en el océano es lo mismo, si me inundó, en el fondo sobrevive la tortura y mañana habrá un 2×1 en el cine y si tengo un bebé, ¡NO IMPORTA! mañana persistirá ese 2×1 en el supermercado.

Entonces rindes ofrenda a los indígenas, ellos están más cerca de Dios, de la naturaleza, del Perú que busco.

Pero no es Perú, ni México, ni la muerte, ni los sabores, no es el cielo, no es la lluvia, ni lo árido de la tierra, no es tu voz, ni tu mirada, ni las ovejas que han desaparecido, no es la vaca que me llevó a la boca, no es la envidia, no es el humo, ni la hierba, ni el cariño, ni la felicidad, la búsqueda.

Entonces te inclinas ante  la composta; río de cuerpos, animales y mujeres, niños tiesos, hombres desnudos, la selva florecerá de algunas uñas, de la garganta de la madre, de los dientes de leche que no mudaron en la boca del infante vivo, florecerán hígados y sangre, en ese Perú que no está ni aquí ni allá, que sólo está en nosotros, sobreviviendo a las tormentas. En el centro, se edificará un palacio, reinará la congruencia en vez de las leyes, desacreditáremos el arte, porque nunca fue más importante el drama que la vida, ni hacer ligeras modificaciones a la historia que la vida, pero hay que recordar que hubo hombres que murieron por hacer vivir sus ideas, sin embargo la idea era vivir de sus ideas, desacreditaremos el arte porque el mercado vive de él y los elefantes están muertos y las ranas, mi niño se están extinguiendo y los ojos se venden por kilo y las rarezas están sepultadas de la ambición por el oro del siglo XXII, desacreditaremos el arte porque los huesos son el fósforo para la selva, ¿Cómo piensas que digan ese hombre murió siendo planeta? Si vas por el camino haciendo de tu vida un poema, anteponiendo el objetivo del camino, si vas rompiendo los vasos de la gente que te ama y echas mentiras como quién tira dados para ganar en el juego de mesa, entiendo el barro de mi barro ensangrentado, pero no entiendo porque te cantarían a la hora de tu muerte si te encuentras aquí sentado escuchando un discurso que mañana olvidarás apenas entre la madrugada a tu ventana, se deslizará y te recordará que no pudiste dar el abrazo, la miga de pan, la sonrisa de cuerdas, la vida perfecta a quién querías.

La literatura no importa más que los amigos-

Dicho por Roberto Valdivia,
Dicho por kreit Vargas,
Dicho para Fernando Ciego y Camila
Algún día, se sabrá el precio de esta obra.

Estefanía Yetzel Navarro (1993) Dramaturga, vive en Estado de México y estudia Creación Literaria, cuando era niña odiaba la literatura por ello mismo terminó escribiendo, estos poemas forman parte de La séptima infancia, libro que pretende extender y en el cual trabaja.