Sub25 Classics: Poemas de Rafael Espinosa

 

Esta ocasión en Sub25 Classics presentamos una selección de poemas de Rafael Espinoza, poeta peruano cuya trayectoria constituye uno de los “ejes de inestabilidad” para la poesía peruana de los seguros años 90.

Los poemas aquí publicados han sido transcritos de la antología País Imaginario (1960-1979) Escrituras y Transtextos.

 

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Portada de la antología de Rafael Espinosa, La Regata de las Comisuras.

Estampas costumbristas

 

Con un reloj a prueba de agua como todo

arsenal de defensa, no puedo

hacer frente a tan desmesurada obra. El sol

habla en lenguas muertas, los jóvenes tocando

el amor en sus iPads también forman aureolas calcinantes, el fósil

ha existido, ha brillado: y mi sensación

es la de estar dentro de un hongo de fuego

que asimismo es una tabla de multiplicar. Y casi

he olvidado mi misión

sin desconocer que se relaciona de algún modo

con usar el fervor como acupuntura. Fascinado

por cómo se parece la vida prometida

a un infortunio, descuido insistir. Cada

gesto busca realizar su película biográfica

con tal que lo que finaliza en depravación empiece

con la escena de un embarcadero. Y estoy

recordando: mi tarea se asemejaba

a la de un carguero, estar en apuro siempre,

colmado de materiales distintos. Rumbo

al mismo menú vegetariano, mi fracaso vence mis hombros

con la delicadeza de un don inoportuno. Me

consuelo imaginándome a la deriva

aguas adentro donde el vacío no se discierne

de la fecundidad y la tersura y la intriga prosiguen,

para ampollarnos los brazos de nuevo.

 

 

La manufactura de una pieza de carey

 

Con el romance de nuestras obsesiones

podríamos construir una historia

de los cibernautas, y poco más. Y aun

así pediríamos dividendos. Por mucho

menos los delfines obsequian una

función de saltos, antes de que bajo

la psicosis de lo diáfano el mar cese

de ser creíble. Como ellos, yo vengo de rama

en rama, debiéndolo todo al deseo de

performar en grupo. ¿Me darás a cambio tu cuerpo,

que sea al mismo tiempo un cuerpo social?

 

Dejo un consejo entre las cajas. Ahora

que es política de Estado amar a los perros,

por qué no se abrazan al busto de una liebre

y lloran y lloran lo posible que no fue. Así

es, así fue. Nuestra performance nunca

fue, y llora una guirnalda de árboles.

Día Nacional

 

Solo conectarse por medio de un vello en el escroto

a una máquina de sueños para ganar todas las partidas

de bridge en un crucero resulta más idiota

que reconocerse peruano. Prefiero entretenerme

observando a las hormigas ejercer su identidad

local en sus palacios de troncos donde el tiempo es una rama

de bonzai e intuir que las ballenas pierden su ser

patrio apenas retoman su ruta ártica. A veces,

como soy miraflorino, me ocurre ver el mar del distrito e imaginarlo

inconmensurable, como si estuviera en ácido; pero

ni en marcha reversa lo llevo a bañar los glaciares andinos

ni lo cuelgo en los enormes árboles de la selva,

hiriéndolos con una angustia horizontal. La

la más redonda de sus gotas no aglomera

todas las nevadas de altura, menos contiene los augurios

de la red de chirridos amazónicos. Sería

confundir la parte con el todo. Y ciertamente

el Perú es un todo, con muchedumbre de pisos

ecológicos que soportan el dolor de un número

todavía mayor de brazos y piernas. Rember es uno,

yo otro, el heladero que convoca a los niños todavía

otro más y a los tres un viento segregacionista nos podría insultar:

“sal del césped”, “blancón”,  “cusqueño que turba la siesta

de Lima con su bocina para vender helados”. Decirnos

que solo muertos, en fichas, somos los tres todos el todo peruano.

 

Noches contables

 

Hablar de sí es una molestia

y dirigirnos a otros ya estar dormidos.

 

Nuestra genial inconsistencia no pudo

impedirlo y la parte del tesoro

que nos tocaba de la historia

de un país me arrastró

hasta aquí.

 

Bajo un cielo también enfermo de

laberintitis, dormir sentado, detrás

dos almohadones, convierte

la ausencia en proverbios.

La penumbra de los seres

que toqué sirvió para

este privilegio, y tengo frascos

sepias

y también frases.

 

Y los jóvenes afuera, entre

los cuales yo mismo arrojo

piedras por virtud, no se enteran,

acosados por el afecto homosexual del dinero por el dinero.

Marchan, están marchando

con un súbito deseo de ser padres,

comenzando a morir en ese instante.

 

 

Un florero en llamas

 

En el semáforo de Roosevelt y Carabaya

los autos pasan en luz roja y frenan en luz verde. Pudimos

pensar que se trataba de una nueva

forma de estrellato y dedicarle como ofrenda un breve sketch

de nuestra vida en paz. Nosotros,

sobre un avión no tripulado,

que debíamos llamar nuestras ilusiones,

también cumplíamos una simetría contra

el buen sentido. O eras tú o era

yo el que no acompañaba una

ascensión aun si convenimos usar las mismas

palabras para mantenernos juntos

y formar frente a los objetos luminosos otra incandescencia.

En cambio, volvía cada uno a su propia zona VIP

a observar el poniente derrumbarse como un paciente obeso, incapaz

de otra cosa que mímica.

 

Entre tanto, se nos acortaba el tiempo

y claramente nuestra meditación giraba

sobre un disco diminuto. ¿La muerte? ¿Dios,

musculoso en traje de neoprene? “¡No, varón!”.

Dos políticos con motosierras,

sobrecalificados para sus labores —ya

comenzándolas, con

un clima hermoso.


Las cosas para siempre

 

Varios asuntos concurren en la

decisión de criogenizarme: el

enojoso diferendo marítimo entre las aves guaneras,

su nueva derechización; sobre todo

que mi conciencia se conduzca como encuestadoras

con resultados diferentes murmurando

a mis emociones las órdenes de un desconocido cazador de talentos.

A propósito, los que decían que

solo llegarías hasta donde una inspiración insular resolviese

¿no calcularon que en el camino a tus archipiélagos

tu deseo de ir más allá mudaría

a cada paso mi marca de nacimiento?

En suma, había que detenerse.

De la bulliciosa socialidad de las granjas de puercos ahora

apenas me importa su infancia rosada. Su

chiste ingenuo me enternece mientras

descanso. Que sea durante

el milenio el partido de tenis que disputan

la sombra y el silencio, que también

duerman los compradores de deuda y que nada,

ni aun las paces con los alimentos de la tierra,

perturbe mi reposo.

El cerdo habla

No me compadezcan por confundir comida con estiércol
y estiércol con cama. Así, sin separar, estoy
a gusto. La analidad del cielo a ustedes, en cambio,
cualquier hora les precipita un bus de pasajeros
encima mientras aran su campo y habrá que contar
una víctima más. Ahora, hablo en metáfora.
Me refiero a destino, un restaurante llamado
Paraíso, un viñedo sin límites, y luego
salas de espera vacías de pronto, de las que se tiene
que salir incluso con lágrimas de gratitud.
Aquel momento se presenta, sin que los libren
cuentas offshore con las que adquirieron campos

para lotizar. Llega y ya estaba siempre, presentido

en un jarrón de flores. No me perturben mientras sucede.

Yo estoy en paz, en una piedra del río, contento

con mezclar. No retengo mi propia desgracia. Tomo

agua cristalina con mi hocico y cago en el río.

 

 

Adjudicación de los aposentos

 

Vine con la promesa de que clasificaría tipos de pastas

y en cambio me dispusieron cablear un territorio de pastores.

 

Cuando siguiendo el aroma de la prostitución, una abeja nevada llega

a una flor neumática, pienso que no cesará nunca la producción de nutrientes.

 

Luego me alegra olvidar el nombre de la semilla, ya que quién desea seguir siendo

el mismo sujeto por virtud de la memoria en vez de las ocasiones del cuerpo.

 

¿El césped será feliz cuando levantado por la podadora moviliza

la felicidad a lo largo de mis facciones? A veces reposo en el césped muerto.

 

Aprendo que cada uno es la desilusión genérica del otro, pues aunque el confidente

universal inserto en todos me deseó bien, vine con un objeto y no fui complacido.

 

De la zozobra trágica de Pedro Parker, el de los rascacielos piadosos,

sostengo no tanto la suspensión como la renovación de la equidistancia.

 

Pero mi imagen obsesiva es una cena pascual, sin racismo invertido,

sin que las etnias sean las que desprecian ahora nuestros organismos contaminantes.

 

Este es un sitio raro, con una jovialidad a futuro, como en una cámara oculta,

para invitar a pasar. Cantamos a capella recetas para eliminar grasas.

 

 

Las nubes permanecerán limpias

 

No para las futuras generaciones
sino alrededor de mi cuerpo
he construido, sin ser vidriero,
un cubículo transparente.
Mis cadenas asociativas,
que las tengo, dibujan
adentro una deidad de dolor.
Lento blablablá inaudible
tallado en hueso que me hace

compañía y después llama
a la manada de humanos.
Pueden venir los reporteros,
pueden venir los artistas visuales,
sus egos en bolsas plásticas,
con la doble ganga de que una imagen
de devastación sea a un tiempo
una escultura efímera.
Yo estoy adentro, vuelto un plano,
es decir afuera de lo que yo mismo
pueda representarme, como
si llevara un pendiente

sin oreja. Tengo una estrofa,

tengo un peine; lo que no veo,
pegado al vidrio, es un peinado
que además sea un hombre,
posea una canción.

 

 

La multitud en Mariátegui

 

Que yo sepa tenemos manos, pies, vellos más exquisitos en su procesamiento

de data espiritual que el silicio de una computadora. Aunque somos

torpes, con disciplina podemos aprender la postura de hatha yoga

en que las extremidades entrelazadas forman un disco solar.

Creemos con masa estelar, entonces, un lago o sociedad general en que tratarse

sea como bracear y llamémosle circunferencia de los nadadores.

 

En un mundo solo para socios, ¿el sol lo sería? Él da pautas,

rehusando ser prudente. Con energía todavía más que alborozo,

concede a cada frente que incendia un destino, y a todos quiere hacer su pueblo.

En la conflagración de las facultades siembra un árbol

de probabilidades que distribuye el desear en partes idénticas y ningún haz

 

queda sin enigma. Entre tantas llamadas dulces, se hace fácil, luego,

escoger nuestro fantasma apropiado. Las estamos oyendo: y queremos vivir.

Arrojémosles cocteles molotov en las trompas de Eustaquio a quienes

no escuchen ni sientan que demasiados cercos eléctricos sabotean

una banda comunitaria y producen a la postre un cielo sin pasos.

 

Ahí están ellos, los hombres, con sus élitros de apetito sexual. Los ignoran

nubes digitales, los observan policías-centauros. Son muchos

sin constituir una cantidad: son cuerpos. Y oyen. Así nadie no sabrá nadar.

 

 

RAFAEL ESPINOSA Nació en Lima, Perú, en 1962. Publicó Geometría (1998), Pica-pica (2001), Book de Laetitia Casta y otros poemas (2003), Verbos regulares (2005), El Anticiclón del Pacífico Sur (2007), Aves de la ciudad y alrededores (2008), Amados transformadores de corriente (2010), Los hombres rana (2012). Hoyo 13. Novela Barrial (2013) y El portapliegos (2016)