Presentación y 3 Poemas de El Idiota del Apocalipsis

Las publicaciones de poesía joven en la editorial Sub25 se han detenido por un momento para dar pase a uno de los autores poco mencionados pero que sin duda su importancia es muy merecida. Se trata de Chirinos Cúneo que vuelve con la reedición de su libro El idiota del Apocalipsis, uno de los libros fundamentales de la poesía de los años 60s. Psicodélico y barroco, libro que el tiempo ha convertido en el secreto más importante de la poesía peruana de la segunda mitad del siglo XX, habiendo influenciado a autores tan disímiles como Roger Santivañez o el desaparecido Josemarí Recalde.

Esta esperada presentación se llevará a cabo el viernes 13 de octubre a las 7:00 pm en el centro Cultural El Paradero de Lince (Jirón León Velarde 982). Los comentarios estarán a cargo de Mario Pera y Carlos Torres Rotondo.

 

A continuación algunos poemas del libro

 

Poema rojo en la ciudad

I

En faro y mar y viento inacabables.

Mujer de sal y paja y viento cálido

De poseer tu trompa alada en el instante.

Ah, sería alto una sed… de apache insomne!

 

Mujer de arroz y paja y musgo suave,

en coral de luna ortiva y nebulosa,

en crepúsculo azul y pálido,

mujer de anís y olor de alondra…

Ah, sería alto morder tu rosa esfera!

 

Sed de arrancar la hierba boca entre tus piernas,

de poseer tu cuerpo en yeso y pescado.

Oh piel roja en arcos tibios y campanas!

Ah, sería un alto cáliz golfo entre las rosas!

 

Mujer de hastío, paja y cal y escama.

Ebria y sed terrena de candidez y virgen.

Pescadora de remos blancos en un bote violento.

Ah, sería alto morder el muslo de tu mundo!

 

 

Gatos nocturnos

III

 

Era una voz de uranio, una ronca voz de asfalto, como de

rosas aplastadas por las bocas mugrientas. Y le advertí celeste-

mente que un pobre muñeco antiguo se divertía en sus bigotes.

Y el vaso azul, en la ceja llena de cerveza, respondía a la ciudad

ebria, pordiosera del alto hermano bajo letrinas.

 

El poema entonces quería morir. La primavera nocturna lo

llevaba hasta un viento de túnicas y muerte, pero sucede en

nuestras ramas que corrimos huyendo de los lechos: volamos

casi sobre esas hierbas de la noche, vociferaríamos quizá a

muchos parques de Lima la caída de nuestros ciegos dulces

gatos cimarrones.

 

Cenicienta

VII

Derrumbada caíste hacia la tierra,

derrumbada y sucia por mis brazos,

derrumbada caíste hacia el planeta,

caíste derrumbada.

 

Tú fuiste la sirvienta de mi casa.

Tenías un cuarto de terrazas y escaleras.

Y tus pechos derrumbados por mis ojos,

cayeron a mis ojos, derramados:

Una cascada desflorada: Ano y sangre, Cenicienta.

 

Mis colmillos de perro echando baba,

mis globos de rey marciano en su castillo,

mis pelos de lobo helado en brujos cráteres lunáticos,

derrumbaban,

calor de espuma, vapores,

derrumbaban,

sobre la ola de tu vientre blanco,

estallando en bocas de geranio,

derrumbado,

bordoneado de espumas negras y de vahos.

 

Tú fuiste la sirvienta de mi casa.

Poma, fámula, apio, ámbar, nalgas de ceniza.

Tenías un cuarto de escaleras y novelas deshojadas.

Y una cocina rosada olía a ajos y a madera.

 

Fue en la noche.

Y mi trompa de escarlata alucinada

vibraba semen a los bufones y a la luna.

Derrumbada caíste, Cenicienta, y las novelas…

Y mi semen polen a tus vellos y a tu panza en rosas.

Derrumbada sirvienta de escaleras,

fuiste sexo entre planetas.

carne en flor abierta, arrabalera,

madre derrumbada.