Poesía y clínica: un encuentro entre Guillermo Chirinos Cúneo y Gilles Deleuze

El día de hoy compartimos uno de los prólogos que acompañó nuestra reedición del libro El Idiota del Apocalipsis de Guillermo Chirinos Cúneo. El texto a continuación fue escrito a cuatro manos entre Javier Torres Marrufo y Carlos Torres Rotondo

el idiota del apocalipsis

Poesía y clínica: un encuentro entre Guillermo Chirinos Cúneo y Gilles Deleuze

por Javier Torres Marrufo y Carlos Torres Rotondo

Extraño al canon, a su generación y a la realidad socialmente construida, Guillermo Chirinos Cúneo es  una de las más grandes anomalías de nuestra tradición literaria. Las pugnas clasificatorias han sido inútiles. La suya es una poesía fronteriza, extraña, inclasificable.

Por estricta cronología le corresponde un lugar entre los poetas de inicios de los 60, o, mejor dicho, entre los últimos cachorros de los 50: la retórica hispanista los dominaba; los anglosajones estaban en la atmósfera poética  pero aún no sus émulos.  Guillermo Chirinos Cúneo, por su lado, estaba en otro lado.  Su único momento de cercanía con su generación se dio durante los primera mitad de los sesenta cuando era estudiante de San Marcos y participó de la  revista Piélago, en la que publicó sus primeros textos. Se le recuerda en los claustros por su inmaculado terno blanco y por su silencio fantasmal.

“Yo estaba en una situación muy optimista y anhelaba que me conocieran los estudiantes –dice Chirinos Cúneo en una entrevista a Juan de la Fuente-. Sabía muy bien que no iba a lograr un éxito como el que se consigue en una empresa comercial o publicitaria, pero sí quería un éxito de poeta, de escritor, para que mi alma y mi espíritu estuvieran tranquilos. Por aquella época frecuentaba a Julio Nelson, Marco Zapata, Juan Ojeda, César Calvo, Juan Gonzalo Rose, Manuel Scorza, Marco Martos e Hildebrando Pérez. Era muy amigo de ellos. En esos años yo tenía la idea de unir a todos los hombres de esta tierra, unirlos para que se comprendieran, para que la pasión se dominase y no existiera ese amor hacia tal o cual objeto o persona, sino que se diera una organización de la sensibilidad y del alma humana, capacitada para poder integrarse y transformarse, para poder llegar a algo que podría decirse el paraíso desconocido”.

Sus problemas mentales –Chirinos Cúneo padecía una severa esquizofrenia– le hicieron abandonar los cursos. De ahí para adelante, el resto de su vida la pasaría entre el voluntario enclaustramiento en la casa materna y largas estancias en clínicas psiquiátricas privadas, donde era inevitable internarlo durante sus crisis más agudas.

“Desgraciadamente, los jóvenes nos lanzamos hacia otro camino, hacia otro lindero que en verdad nos ha resultado agradable, pero no es lo que nuestros sentimientos, nuestros corazones, nuestras almas, deseaban –dice Chirinos Cúneo-. Desgraciadamente, las cosas son así en la vida: nunca se puede realizar lo que la sociedad o la mente humana necesita y quiere. Hay siempre una insatisfacción, un pesimismo: la revancha contra uno mismo. Esto se debe a la pasión humana. Y la razón, la culpabilidad de esta razón, puede tenerla el mismo poeta”.

Resulta muy fácil hacer una apología de la locura como un privilegiado método estético. No obstante, hay que reconocer que sus trastornos mentales han sido una de las razones esenciales de su culto y de su leyenda.  ¿Determinan estos la escritura?

En Crítica y Clínica, el filósofo francés Gilles Deleuze toma una idea de Marcel Proust y la reestructura: un buen escritor crea una lengua sobre otra lengua. De la lengua materna extrae un nuevo sistema, funda nuevas formas gramaticales y de sintaxis. Por eso, cuando hablamos de los problemas de la escritura nos referimos al  proceso de pensamiento, pero también a la orfebrería de los significantes, a los signos lingüísticos. En este proceso el lenguaje también es llevado hacia un límite, se busca delirar a las palabras.

El delirio no se debe interpretar como un proceso personal sino como el resultado de un desplazamiento de culturas.  Como parte de los acontecimientos del lenguaje que suceden durante la escritura. Las visiones y audiciones  que llamamos delirio son el cumulo de fuerzas que operan en la historia y encarnan los deseos de un imaginario pueblo esclavizado. Un pueblo que busca enunciarse a través de una voz.

La literatura es una salud que funda su fuente en el delirio. Cuando la sociedad es hegemónica y homogénea el delirio es considerado como una enfermedad. Lo animal, lo decadente, lo sacrílego. En el caso contrario, el delirio de un pueblo oprimido es el proceso que se inscribe dentro de su literatura.

Chirinos Cúneo tiene su propia poética del delirio. Relumbrón simbolista, cromatismo y obscenidad son sus piedras de toque. Con ellas desarticula los nexos de la realidad exterior e interior y, visionario, mira hacia el futuro. Precursor de la poesía que se hará en los  70 y 80, poetizó la corporeidad con crudeza, se perdió en la urbe y echó mano de referentes pop, en especial cinematográficos (los apaches de los westerns, los “vagos chaplines”  de la comedia muda). Su interés por la ciencia ficción, inclusive,  es notorio en imágenes como “marcianos torpes” o en “el cráter de la luna negra”).

Para Deleuze, toda  escritura dentro de este mundo hecho de síntomas significa una salud.  El escritor  es un doctor de sí mismo y de la realidad que conforma.  El lenguaje como proceso representa un  delirio dentro de cualquier escritor, su forma de salud se materializa en la escritura. La escritura implicaría un movimiento siempre inacabado. Una enunciación donde el escritor busque estar en la realidad de otra forma. El devenir es una cuestión que se evidencia entre los reinos de una población. Ahí donde cada componente, sujeto o cosa existe en una zona de vecindad, pero que se singulariza en sus acciones. En este sentido el acto de escribir no buscaría  rasgos generales para representar. Debería perseguir una línea de fuga,  encontrar otra forma de estar en la realidad.

En Chirinos Cúneo el delirio  no es  provocado específicamente por el lenguaje o las palabras.  El delirio es un caso clínico, la enfermedad no permite el proceso ni la posibilidad de  diferentes devenires. Deleuze dice ¨ La psicosis, la neurosis no son fragmentos de vida, sino estados en donde se cae cuando el proceso está interrumpido, impedido, cerrado¨ La enfermedad se presenta como pausa en el desarrollo. Un corte en el ritmo que puede ofrecer una escritura.

Su única publicación en vida, un conjunto de  ocho poemas (el último un largo texto en prosa) llamado Idiota del apocalipsis y publicado por su madre, Aída Navach de Cúneo en 1967 da cuenta de una salud visionaria perfectamente lúcida. Elton Honores ha señalado una secreta unidad subyacente en el libro.  El primer texto, Poema rojo en la ciudad,  contaría la llegada a puerto de un extranjero; el segundo, Muñecos, poetiza un burdel; el tercero y cuarto, Gatos nocturnos y Otoño, respectivamente, muestran el espacio de los parques de Lima; El sismo, El derrumbe y Cenicienta, por su parte, contienen elementos propios de cuentos fantásticos infantiles, pero en versión sórdida y carnavalizada. El último texto, por ejemplo, cuenta la historia de una violación, fruto de la cual nace el idiota del Apocalipsis, personaje principal del largo poema en prosa que da título al conjunto.

Idiota del apocalipsis fue un producto de un proceso de liberación de aquellas ataduras que me sometían a una soledad, a una incapacidad de lograr mis deseos –dice el poeta-. El mundo me resultó tan disoluto, me desilusioné tanto de la forma y esencia de la vida que terminé refugiándome en mí mismo”.

Su obra no se agota ahí.  A poemas sueltos publicados en revistas, Armando Arteaga, en su informado artículo La primavera excerta de Chirinos Cúneo, suma la serie de libros que fue escribiendo, la mayoría de ellos en la Clínica San Isidro, donde era paciente habitual: Infiernos y cielos (1962), Rojos y Nocturnos (1964), Celestes y oscuros (1966), Eneas XX (1985) y Guerrero del Arco Iris (1990). Durante los años ochenta finalizó un conjunto más, El crepúsculo de los ídolos. Es bastante probable que muchos se hayan perdido para siempre.  De su corpus, hemos rescatado para Andamios Interiores la prosa poética Idiota del apocalipsis (sin duda su obra maestra) y cuatro poemas no publicados en libro. Estos aparecieron previamente en un número de La tortuga ecuestre publicado en 1994.

El 31 de octubre de 1999, luego de almorzar con su familia, Chirinos Cúneo se encerró en su cuarto para hacer una siesta de la que nunca despertó. Su hermano José, luego de varias horas sin recibir respuesta de Guillermo, entró al cuarto por la ventana y lo encontró muerto, sentado en un sillón y con un cigarro totalmente consumido en la mano derecha.

 

Bibliografía:

-ARTEAGA, Armando (2007). “la primavera excerta de Guillermo Chirinos Cúneo”. Sol negro (http://sol-negro.blogspot.com/2007/06/la-primavera-excerta-de-guillermo.html)

– CHIRINOS CÚNEO, Guillermo. (1967). Idiota del Apocalipsis. Lima, edita Aida Cúneo Navach. (http://issuu.com/ljudevir.hlavnikov/docs/chirinos_cuneo_-_el_idiota_del_apocalipsis__1967_)

-CHRINOS CÚNEO, Guillermo. (1994) ¨ S/T¨. La tortuga ecuestre (Gustavo Armijos ed), Lima, Año XXI, n°116

-DELEUZE, Gilles. (1996) Crítica y clínica. Barcelona: Anagrama.

– FUENTE, Juan de la (1993). “Entrevista al poeta Guillermo Chirinos Cúneo. Desde el Apocalipsis”. Revista, suplemento cultural de El Peruano. Lima, p. 6-7.

-HONORES, Elton (2008). “Guillermo Chirinos Cúneo: la poesía del derrumbe o la lúcida desaparición de los desconocido”. Tinta expresa, número 3. Lima. p. 55-78.